Hoy es martes, y aunque supongan un día lleno de cosas que hacer, se me hacen realmente cortos,y será precisamente por eso, por la cantidad de cosas que hay programadas en mi agenda. Los lunes son diferentes. Salgo de trabajar a las 12.30, aunque rara vez me marcho a casa a esa hora; siempre me suelo quedar escondida en el aula de informática, sola, adelantando trabajo. Lo cierto es que estoy tan bien que casi nunca me quiero ir. Los lunes tengo guardia de recreo en el aula de castigados, y hay que estar muy pendiente de cómo se comportan lo que allí están, revisar lo que hacen e imponer autoridad; si están precisamente en ese aula de castigados es porque su comportamiento ha sido más bien nulo, y han entorpecido el normal funcionamiento de una clase. Todo profesor que se precie sabrá de lo que estoy hablando. Paciencia y mano dura cuando la ocasión lo requiera. El caso es que ayer tuve una guardia de recreo . Había poca gente, pero los que había, a pesar de no ser alumnos míos, me conocen y yo a ellos. Conforme iban terminando las tareas y castigos impuestos, iban saliendo al patio. Esto ocurrió con un alumno en concreto (que no pertenece a mis aulas, pero que he tenido la ocasión de conocer por tener que ir a su clase varias veces y por diversos motivos); cuando se levantaba para ir al patio, me hizo la siguiente pregunta:
- Seño, ¿usted está aquí todos los lunes?
A lo que yo respondí:
- Sí, todos los lunes tengo guardia en el aula de castigados. ¿Por qué lo preguntas?
Y él añadió:
- Porque a partir de ahora me voy a portar mal todos los lunes para que me manden castigado en el recreo aquí con usted.
Evidentemente, a mí me dio la risa, y tras el "anda, deja el peloteo y márchate al patio" que le dije a continuación, el chico se fue. La cosa quedó ahí y no le di más importancia, porque lo cierto es que no la tiene. Pero, casualidades de la vida, ayer por la tarde encendí la radio y estaba sonando Boulevard of Broken Dreams, de Green Day. Siempre que escucho este grupo me acuerdo de este alumno. Y ahora viene la historia que explica por qué lo recuerdo. Un día tuve que ir a su clase a sustituir a su profesor de inglés que no pudo ir a clase. Cuando me presenté y les dije que iba a ser su profesora de inglés durante esa hora y que darían la lección conmigo, él dijo en voz alta, sin razón aparente, tan sólo la de hacer la gracia correspondiente: "Don't want to be an American idiot!". Yo, con mucha sangre fría, lo miré muy seria y le contesté: "'I walk this empty street, on the Boulevard of Broken Dreams'. Deja a Green Day tranquilitos en su casa y saca el libro de inglés; cuando acabe la clase, hablamos de Green Day, de Pearl Jam y de Pink Floyd todo lo que quieras, pero ahora toca inglés, así que abre el libro, el cuadernillo y tu cuaderno de clase". Lo cierto es que el chico se quedó muy serio durante toda la hora, hizo los deberes y participó bastante, y cuando sonó el timbre del final de la clase, me dijo: "señorita, ¿usted cómo conoce a Green Day?". Claro, es lo que pasa, que los alumnos se piensan que los profesores no tenemos vida propia, o qué sé yo. Yo me reí y le dije: "Green Day no son propiedad tuya, así que sí, los conozco y me gustan algunas canciones". Él sonrió y desde ese día es raro el momento en el que se cruza conmigo y no me dedica una palabra amable, siempre con mucho respeto y aprecio. Me da mucha alegría como profesora sentir que, aunque sea un sólo alumno, te escucha y te tiene en cuenta, a pesar de que fuese por un motivo tan insignificante como una canción de Green Day. Y me da más alegría aún comprobar que este chico no es de mi clase ni siquiera, sino que lo fue en un momento puntual.
Por cosas como esta, y por infinitas más, merece muy mucho la pena ser profesora.
- Seño, ¿usted está aquí todos los lunes?
A lo que yo respondí:
- Sí, todos los lunes tengo guardia en el aula de castigados. ¿Por qué lo preguntas?
Y él añadió:
- Porque a partir de ahora me voy a portar mal todos los lunes para que me manden castigado en el recreo aquí con usted.
Evidentemente, a mí me dio la risa, y tras el "anda, deja el peloteo y márchate al patio" que le dije a continuación, el chico se fue. La cosa quedó ahí y no le di más importancia, porque lo cierto es que no la tiene. Pero, casualidades de la vida, ayer por la tarde encendí la radio y estaba sonando Boulevard of Broken Dreams, de Green Day. Siempre que escucho este grupo me acuerdo de este alumno. Y ahora viene la historia que explica por qué lo recuerdo. Un día tuve que ir a su clase a sustituir a su profesor de inglés que no pudo ir a clase. Cuando me presenté y les dije que iba a ser su profesora de inglés durante esa hora y que darían la lección conmigo, él dijo en voz alta, sin razón aparente, tan sólo la de hacer la gracia correspondiente: "Don't want to be an American idiot!". Yo, con mucha sangre fría, lo miré muy seria y le contesté: "'I walk this empty street, on the Boulevard of Broken Dreams'. Deja a Green Day tranquilitos en su casa y saca el libro de inglés; cuando acabe la clase, hablamos de Green Day, de Pearl Jam y de Pink Floyd todo lo que quieras, pero ahora toca inglés, así que abre el libro, el cuadernillo y tu cuaderno de clase". Lo cierto es que el chico se quedó muy serio durante toda la hora, hizo los deberes y participó bastante, y cuando sonó el timbre del final de la clase, me dijo: "señorita, ¿usted cómo conoce a Green Day?". Claro, es lo que pasa, que los alumnos se piensan que los profesores no tenemos vida propia, o qué sé yo. Yo me reí y le dije: "Green Day no son propiedad tuya, así que sí, los conozco y me gustan algunas canciones". Él sonrió y desde ese día es raro el momento en el que se cruza conmigo y no me dedica una palabra amable, siempre con mucho respeto y aprecio. Me da mucha alegría como profesora sentir que, aunque sea un sólo alumno, te escucha y te tiene en cuenta, a pesar de que fuese por un motivo tan insignificante como una canción de Green Day. Y me da más alegría aún comprobar que este chico no es de mi clase ni siquiera, sino que lo fue en un momento puntual.
Por cosas como esta, y por infinitas más, merece muy mucho la pena ser profesora.
Catherine Heathcliff.
Lo que estoy escuchando: Wake Me Up When September Ends, de Green Day (of course!).
Etiquetas: Ego laboro
Querida Catherine:
¿No te ha pasado nunca que tienes la necesidad de decir más cosas de las que realmente dices? ¿No tienes la sensación de que ocultas palabras, distintas a las que se escapan por tu boca?
A veces he notado cómo deseas decir las cosas abiertamente, con el corazón en la mano, pero quizá la cautela, o tal vez la inseguridad, frena tu lengua. Y sé también que quizás intuyes que las palabras dichas son insuficientes para expresar toda la magnitud de lo que realmente pretendes decir. Probablemente, esperas que tu interlocutor sea capaz de leer entre líneas y sepa descifrar aquéllo que no dices. Y también crees que la persona con la que hablas sabe lo que escondes, y quizá esperes que sea esa persona la que inicie la dialéctica, y comenzar así tú a desnudar tu alma poco a poco, como los gajos de una mandarina que van cayendo capa a capa, paso a paso.
Porque, si hay algo que desees más en este momento es precisamente eso, desnudar tu alma, despojarla de forma moral impostada y dejar ver lo que verdaderamente sientes, sin máscaras.
¿Crees que se presentará la ocasión en la que puedas hablar abiertamente, sin ataduras? ¿Crees que tu interlocutor dará comienzo a la detonación?
Eres consciente de que las consecuencias te importan bien poco ahora; tan sólo quieres hablar y dar explosión a la bomba de relojería que latente aguarda en tu interior.
Pero necesitas aquéllo que te espolee a ello.
¿Qué piensas hacer, Catherine? Porque yo puedo darte la solución, pero el salto al vacío sólo depende de ti.
¿Qué vas a hacer?
Firmado: Tú misma.
Catherine Heathcliff.
Lo que estoy escuchando: Here with Me, de Dido (No Angel).
Etiquetas: Íntimo y personal
Hoy, mañana de domingo, te dedico esta entrada a ti.
Sé que estás enfermo y que llevas unos días en cama intentando recuperarte, así que hay que procurar hacer ese periodo de convalecencia lo más llevadero posible.
Lo mejor: un poquito de buena música.
Sé que estás enfermo y que llevas unos días en cama intentando recuperarte, así que hay que procurar hacer ese periodo de convalecencia lo más llevadero posible.
Lo mejor: un poquito de buena música.
Get well soon!
Catherine Heathcliff.
Lo que estoy escuchando: Justo lo que hay arriba...
Etiquetas: Mens sana in corpore sano, Música es...
Luna Nueva (New Moon, 2009), de Chris Weitz
8 comentarios Publicado por Catherine Heathcliff en 18:32Sinopsis: Bella y Edward continúan con su relación, siempre empañada por las continuas peticiones de Bella (Kristen Stewart) por ser transformada en lo que más ansía y las constantes negativas de Edward (Robert Pattinson), que además sufre desesperadamente por el peligro al que expone constantemente a Bella, pues tanto su familia como él son depredadores natos. Por esta razón, Edward abandona a Bella, dejando a ésta sumida en la más profunda de las desesperaciones. Con la ayuda de Jacob Black (Taylor Lautner), su amigo de la infancia y miembro de la tribu quileute, Bella intentará superar su tristeza. Pero Bella parece amiga de los problemas, y nuevos peligros, criaturas sobrenaturales y vampiros ancestrales se cruzarán por su camino. Por si esto fuera poco, su afinidad con Jacob se verá acrecentada cada día hasta el punto de que ella se encontrará en medio de dos mundos antagónicos y ancestralmente enfrentados. ¿A quién deberá prestar lealtad?
Por fin se estrenó la segunda parte de la saga Crepúsculo (Twilight). Yo nunca he sido muy amiga de ir a ver las películas de masas la misma semana de su estreno, pero claro, este es un caso distinto. Aún así y por mucho que me guste esta saga, sigo resaltando sus carencias literarias, apoyando sólo el lado de puro entretenimiento, especialmente, en su adaptación al cine. Pocas son las veces en las que prefiero la película al libro, y con esta saga tal es el caso.
En general, no puedo decir nada malo de lo que anoche vi. Me gustó mucho de principio a fin. La película es fiel al libro al máximo, y ha conseguido lo imposible: Luna Nueva, el libro, me resultó lo más tedioso que había leído en mi vida, tan sólo superado por Amanecer (Breaking Dawn), el cuarto y último volumen de la saga de Meyer; pero Luna Nueva, la película, me ha gustado muchísimo más que la primera. Para esta segunda parte se han sucedido muchos cambios y éramos bastantes los que contemplábamos estas novedades con excépticos ojos. No obstante, yo creo que los cambios han sido a mejor: director (Chris Weitz), nuevo compositor de la banda sonora instrumental (Alexander Desplat), cambios en la apariencia de los personajes, nuevos artistas para las canciones principales de la banda sonora (aunque Muse continúa por ahí, evidentemente). Además, me gustó mucho comprobar que el director de fotografía era Javier Aguirresarobe. Muy buen sabor de boca, sí.
Todo en general me resultó agradable de ver: la madurez en el rostro de Kristen Stewart (parece mucho más mayor que en la película precedente), aunque me siguió pareciendo tan mala actriz como viene siendo habitual; los rasgos vampíricos más acentuados de los Cullen; la interpretación de Taylor Lautner, que es bastante buena; los Vulturi, que me encantan, son mi debilidad, tanto en el libro como en la película; el clan de los licántropos; la reserva quileute; Forks en general; el humor que a veces salpicaba la película; el tono rojizo más acentuado del pelo de Victoria (Rachelle Lefevre) y el pelo más rubio de Rosalie (Nikki Reed); el personaje de Jasper (Jackson Rathbone); la ciudad de Volterra... y podría seguir así, pero me temo que se debería más a mi entusiasmo subjetivo que a la pura realidad.
De todos modos, también sigo observando los mismos errores que en la primera, y es que, aparte de que Stewart es pésima trabajando, Rob Pattinson me pone de los nervios con esa impostura forzada de vampiro romántico y sufridor por su condición de condenado. Venga ya, hombre, tanta tontería byroniana, que por cierto, es incapaz de captar. Se lo ha creído que no veas, el chaval. Y la chavala, de paso, también.
Ahora me queda esperar al dvd, que ganas no me faltan. Además, así podré ver la película sin los constantes gritos, suspiros y demás risitas de las niñitas, porque vaya tela... estoy planteándome si exigir la devolución de la mitad del importe por daños y perjuicios. Y es que la superficialidad... es lo que ensombrece estas cosas, y es lo que hace que me de vergüenza admitir que a mí esta saga me gusta.
Catherine Heathcliff.
Lo que estoy escuchando: Possibility, de Lykke Li (The Twilight Saga: New Moon Original Soundtrack).
Etiquetas: ¿Qué vemos hoy?
Mis palabras poco pueden añadir a esta obra maestra. No puedo decir más de lo que no se haya dicho ya de este gran clásico. Incluida en el álbum Crises (1983), se convirtió desde ese momento en una de las composiciones más emblemáticas del músico galés.
Tengo 25 años y he crecido con Mike Oldfield. Escucho ciertas piezas y no puedo evitar recordar momentos de mi infancia en los que me sentaba con mi hermano a escuchar a la vez que hablábamos. Lo cierto es que manteníamos conversaciones bastante largas, y por qué no decirlo, profundas, a pesar de yo ser una niña y el no ser más que un imberbe adolescente. Mi hermano, Óscar, me presentó a Mike Oldfield, y desde ese momento, la imagen del músico galés aparece inevitablemente asociada a Óscar.
El primer concierto al que fui en mi vida fue de Mike Oldfield y yo tenía 14 años. Recuerdo que empezó con In the Beginning, para continuar después con There Be Light, ambas incluidas en The Songs of Distant Earth (1994). Mi hermano me contó en su momento que el señor Oldfield creó este disco en homenaje a la novela Cánticos de la lejana tierra (The Songs of Distant Earth), de Arthur C. Clarke. Según mi hermano, Mike Oldfield dijo que ésta era su novela favorita, a lo que él añadió: "y la mía también". Jamás he leído el libro de Clarke por no considerarme capaz; yo, leyendo ciencia ficción, qué disparate. Las cosas están empezando a cambiar, y dos más dos no siempre son cuatro.
Mi hermano comenzó a coleccionar todos los cd's originales de la obra de Mike Oldfield, así que éste puede sentirse orgulloso: yo ahora tengo toda su discografía original. Y, pase lo que pase, seguirá siendo así, pues en cierto modo, me siento heredera y depositaria de esa función, ante la ya irremediable ausencia del que inició esta colección.
Hoy me he topado con ésto, y sí, es posible: puede enamorarte todavía más si cabe.
Tengo 25 años y he crecido con Mike Oldfield. Escucho ciertas piezas y no puedo evitar recordar momentos de mi infancia en los que me sentaba con mi hermano a escuchar a la vez que hablábamos. Lo cierto es que manteníamos conversaciones bastante largas, y por qué no decirlo, profundas, a pesar de yo ser una niña y el no ser más que un imberbe adolescente. Mi hermano, Óscar, me presentó a Mike Oldfield, y desde ese momento, la imagen del músico galés aparece inevitablemente asociada a Óscar.
El primer concierto al que fui en mi vida fue de Mike Oldfield y yo tenía 14 años. Recuerdo que empezó con In the Beginning, para continuar después con There Be Light, ambas incluidas en The Songs of Distant Earth (1994). Mi hermano me contó en su momento que el señor Oldfield creó este disco en homenaje a la novela Cánticos de la lejana tierra (The Songs of Distant Earth), de Arthur C. Clarke. Según mi hermano, Mike Oldfield dijo que ésta era su novela favorita, a lo que él añadió: "y la mía también". Jamás he leído el libro de Clarke por no considerarme capaz; yo, leyendo ciencia ficción, qué disparate. Las cosas están empezando a cambiar, y dos más dos no siempre son cuatro.
Mi hermano comenzó a coleccionar todos los cd's originales de la obra de Mike Oldfield, así que éste puede sentirse orgulloso: yo ahora tengo toda su discografía original. Y, pase lo que pase, seguirá siendo así, pues en cierto modo, me siento heredera y depositaria de esa función, ante la ya irremediable ausencia del que inició esta colección.
Hoy me he topado con ésto, y sí, es posible: puede enamorarte todavía más si cabe.
Para Óscar.
"I stay, I pray...
See you in Heaven...
...one day."
Catherine Heathcliff.
Etiquetas: Música es...
Afinidad: (Del lat. affinitas, -atis). Proximidad, analogía o semejanza de una cosa con otra. Atracción o adecuación de caracteres, opiniones, gustos, etc., que existe entre dos o más personas.
Conexión: Enlace, atadura, trabazón, concatenación de una cosa con otra. Acción o efecto de conectar. Amistades, mancomunidad de ideas o de intereses.
Vínculo: Unión o atadura de una persona con otra.
Consonancia: Relación de igualdad o conformidad que tienen algunas cosas o personas entre sí.
Complementar: Dar complemento a algo.
Gustar: Desear, querer y tener complacencia de algo.
Complacencia: Satisfacción, placer y contento que resulta de algo.
Catherine Heathcliff.
Lo que estoy escuchando: The River, de Bruce Springsteen.
Etiquetas: Íntimo y personal
No me gustan los domingos, ni mucho menos los domingos por la tarde. Son bastante deprimentes y estoy todo el día de un humor de perros, sin parar de refunfuñar. Lo gracioso del tema es que no sé explicar por qué.
No me gusta el calor. Odio los climas cálidos y los meses de junio, julio y agosto son un auténtico calvario para mí. Porque esto es como yo siempre digo: si tienes frío, te abrigas; si tienes calor, ¿qué narices haces?
No me gustan las incoherencias, el egoísmo, la envidia y la ignorancia. No me gusta la gente que no coge el toro por los cuernos y afronta las situaciones, enmascarando la verdad, o peor, omitiéndola. No me gusta la gente que no es clara, las de doble cara, y no me gusta no ser lo suficientemente espabilada a veces como para no darme cuenta de dónde están y resguardarme de ellas.
No me gusta que me guste siempre la persona equivocada. No me gusta sentir que he encontrado a la horma de mi zapato para luego darme cuenta que el zapato no era de mi número, me estaba pequeño o más bien grande. No me gusta que si creo haberlo encontrado, son más los impedimentos y dificultades que impiden la completa consecución. Aún así, siempre arriesgo.
No me gustan las paradojas ni las incongruencias.
No me gusta planchar, ni tampoco guardar la ropa. No me gusta ser tan maniática del orden que no me puedo permitir que no me guste dejar montañas de ropa sin planchar ni sin guardar en su sitio correspondiente. No me gusta ser incongruente en este aspecto, así que, a tenor del párrafo anterior, no me gustas, Catherine Heathcliff.
No me gusta la ausencia de orden y de higiene.
No me gusta la música fuerte, ni tampoco muy baja. Me pregunto especialmente si mis vecinos conocen el término medio.
No me gusta la gente que silba a todas horas y en espacios públicos cerrados, como por ejemplo, el autobús o el banco. Tampoco me gusta la gente que come pipas en las mismas situaciones, ni tampoco que tiren las cáscaras donde les venga en gana. No me gusta la gente que habla a gritos por el móvil, o que tienen el mp3 a todo volumen que se escucha hasta a través de los auriculares. No me gustan los que directamente prescinden de los auriculares para oir su música a todo trapo. Y lo que es peor: generalmente es música horriblemente estridente.
No me gustan los malos modales ni las formas intimidatorias. No me gusta la gente que chilla para intentar imponer su razón, ni tampoco los que son intransigentes. No me gustan los extremismos de ninguna clase. No me gusta que por sentirme orgullosa de ser española me tachen de facha, cuando no hay cosa más alejada de la realidad.
No me gusta la alcachofa, ni el queso. Pero el resto de verduras me chifla, y el queso en la pasta, cocinada de la manera que sea, me encanta. Vuelvo a ser paradójica, así que cada vez me odio más a mí misma.
No me gusta que mis cuatro muelas del juicio hayan decidido salir a la par. No me gusta que la inferior izquierda me de tanto la lata, a pesar de tener espacio suficiente para salir. No me gusta que mi dentista me inste a quitármelas; si tengo espacio y están saliendo correctamente, ¿por qué me las voy a quitar? ¿Acaso no son mías? Pues eso.
No me gusta esconderme.
No me gusta llorar. No me gusta la violencia, ni el maltrato, ni el abandono, sea del tipo que sea.
No me gusta el tabaco, ni el alcohol. Me lo paso genial con un caramelo en la boca y con un vaso de Coca-Cola (o Cola-Cao, en su defecto). Para decir estupideces no me hace falta un gin-tonic.
No me gusta el cine español, en general. Hay contadísimas excepciones, no obstante.
No me gusta que me gusten tanto la ropa, los zapatos, los complementos, la cosmética y la peluquería, porque básicamente, tengo que moderarme siempre. Las facturas y el alquiler son prioritarios, evidentemente.
No me gusta no tener a nadie que quiera hacer conmigo la ruta por el norte de España que tengo planeada para este veranno. A este paso me veo haciéndola sola, o peor aún, no yendo.
No me gusta que porque me guste Coldplay, o porque sepa quién es Björk, o porque adore a Tim Burton, idolatre hasta la saciedad a Daniel Day-Lewis y lea novelas decimonónicas inglesas, me tachen de "gafapasta". O peor aún: de freakie.
No me gustan las etiquetas. No siempre dos más dos son cuatro.
No me gusta la gente que habla mal, sin corrección, y no me gusta el lenguaje sms.
No me gusta no conseguir pasar siempre desapercibida.
No me gusta nada en absoluto hablar de mí.
No me gusta que el/la que haya leído esta entrada no se crea lo dicho en la oración anterior.
Catherine Heathcliff.
Lo que estoy escuchando: Odio, de Revólver.
Etiquetas: Íntimo y personal
...Que a mí me gustaría poder hacerte feliz.
2 comentarios Publicado por Catherine Heathcliff en 12:31Una declaración. Un regalo. Nada más que decir. Sólo oir; escuchar.
Parte de la banda sonora de mi vida, una vez más.
Lo que estoy escuchando:
Catherine Heathcliff.
Etiquetas: Música es...
- ¿Juras decir la verdad, nada más que la verdad?
- Lo prometo.
- No, lo prometo no; ¿lo juras?
- No, no lo juro; lo prometo. Desde pequeña me insuflaron el temor reverencial de nunca jurar y eso es lo que hago: nunca juro, sino que prometo.
- Bueno, tanto da. ¿Tienes ya lista tu confesión?
- Sí. Llevo todo el día de hoy con ella en mi cabeza.
- Comienza, pues.
- Es que no me apetece comenzar. Tampoco sé realmente si la confesión servirá para algo.
- La utilidad de tus palabras está por ver. De todas formas, eres plenamente consciente de que tus palabras no siempre han surtido el efecto deseado; o tal vez sí, y lo ignoras.
- Tal vez sí, y yo lo ignoro.
- ¿Pues...?
- Pues...
>> Confieso que todo ha cambiado. Casi estando en el final de año, puedo decir que difiere en su totalidad de cómo empezó. Todo lo que me rodea es diferente, satisfacción es la única palabra que se me ocurre para hacerle justicia a la sensación general que tengo dentro de mí. Estoy tranquila, francamente tranquila.
>> Confieso que yo misma me veo diferente en todos los sentidos; cambiada. Una vez mi madre me dijo que la gente nunca cambiaba, que siempre eran de tal o cual manera, pero dejaban a la luz la cara que mejor le convenía según las circunstancias. Yo no sé si es porque todo lo que diga mi madre para mí es palabra de Dios, a pesar de mis 25 años, pero la cuestión es que yo me lo creí a pies juntillas. Pero he constatado que es una verdad a medias, que dicen que es la peor de las mentiras. Yo lo siento, lo he experimentado, y hoy puedo decir que no soy la misma.
>> Confieso que si algo he aprendido durante todos estos meses es a dejar el tiempo correr. Las cosas vienen solas si no las buscas, dicen, porque empecinarse en la continua búsqueda de algo conlleva a la inevitable frustración y consiguiente desesperación ante la amarga espera.
>> Confieso que jamás me curaré de una grave enfermedad que padezco, llamada impaciencia. Jamás. Y eso es una paradoja, porque si he aprendido a dejar el tiempo correr no sé a cuento de qué sigo padeciendo esta impaciencia patológica que trunca cualquier intento de apaciguar mi agitado espíritu.
>> Confieso que me doy cuenta, cada día más, de lo difícil que soy. Soy una persona llena de complejidades, y supongo difícil de conducir en la intimidad. Quizá sea por eso por lo que últimamente tiendo a psicoanalizarme bastante y a llegar a determinadas conclusiones.
>> Confieso que todo es mucho más sencillo de lo que yo lo hago. Sería conveniente que aprendiera de una vez por todas y me autoconvenciera de que en esto he perdido. Tirar la toalla, quizás, y no empecinarme en algo que siempre he sabido que no estaba predestinado a mis manos. No sé por qué llegado a cierto punto disfracé lo que de hecho tenía delante de mí y obvié el factor de que son razones de peso para la no realización. El cerebro debe pesar más que el corazón, y lamentablemente ahora mismo no consigo evitar que mi corazón sea más pesado que mi masa encefálica.
>> Confieso que todo esto me sabe a poco. Las palabras vertidas, derramadas. ¿Por qué me es tan fácil escribir y me cuesta tanto hablar? Me cuesta hablar, y sin embargo, jamás guardo silencio.
>> Confieso que me gustaría saber realmente qué piensas.
-Ya es suficiente.
Catherine Heathcliff.
Lo que estoy escuchando: Private Universe, de Crowded House (Recurring Dream).
Etiquetas: Íntimo y personal
Anoche, cuando me fui a la cama, hice balance del fin de semana. Acostada cogí mi móvil, puse la alarma para levantarme temprano hoy lunes y, antes de apagar el teléfono, decidí escuchar algo de música. Fui a la carpeta del móvil donde tengo en formato mp3 mis canciones, y elegí The Scientist, de Coldplay. No es ningún secreto lo que esa canción significa para mí, así que pensé que qué mejor manera de poner punto y final a un cumpleaños realmente especial.
Las primeras notas del piano comenzaron a sonar a través del pequeño altavoz de mi móvil. Lo puse debajo de mi almohada y me arropé; apagué la luz y apoyé la cabeza, de manera que la música parecía envolver el silencio de la noche.
No puedo evitar pensar que este cumpleaños ha sido diferente en todos los sentidos, distinto a todos los vividos anteriormente. Sé muy bien por qué es, y también sé que me gustaría vivir algo parecido el próximo año, y al siguiente, y al siguiente...
La canción dejó de sonar y yo no pude más que hacerme preguntas que yo sola no sé responder.
¿No sería más fácil acaso hablar sin tapujos? ¿Sin cortapisas, abiertamente? A veces siento que escondo mi alma porque las circunstancias me obligan a ello, pero si yo sintiera que hay un sólo atisbo de poder mostrarla desnuda, sin ningún atavío, lo haría, sin dudarlo.
Deben ser los años, pero cierto es que me he vuelto muy reservada. Todo lo escondo dentro de mí. Tan sólo parece ser que cuando escribo me dejo arropar por las cálidas palabras que me ayudan a expresar gráficamente la inquietud de mi alma.
Me agota. Me gustaría poder despojarme de toda vestidura impostada y decir lo que realmente anhelo decir... pero, de nuevo, no puedo hacer lo sola. Necesito ayuda.
¿Debería temer el riesgo?
Primer día, un año más... pero las mismas preguntas, la misma inquietud. El mismo deseo.
Catherine Heathcliff.
Lo que estoy escuchando: All Is Full of Love, de Björk.
Etiquetas: Íntimo y personal
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