Mañana me voy al cine a ver Origen (Inception, 2010), de Christopher Nolan. Es uno de los estrenos más esperados para casi todo el mundo, y mucho más para mí. Y digo para casi todo el mundo porque mi querido amigo Doctor Who (aunque a él le gusta que le llamen Alpha Male, cosa que no pienso hacer, porque como dice que está muy bien disfrutando de su soledad y su soltería, pues se fastidia y se queda como Doctor Who) viene a verla conmigo porque es un cinéfilo empedernido (como yo), pero no porque albergue especiales deseos de ver al último retoño que ha parido Christopher Nolan.
El caso es que mi querido Doctor Who me ha hecho un regalito. Pero de los de su estilo, que conste, o sea, destilando ironía a raudales:
El caso es que mi querido Doctor Who me ha hecho un regalito. Pero de los de su estilo, que conste, o sea, destilando ironía a raudales:
... así que te dedico esta entrada, Doctor Who. Gracias mil por los buenos ratillos de charla que me concedes. Nos vemos mañana, ¿no?
Catherine Heathcliff.
Lo que estoy escuchando: Esta te va a encantar, Doctor Who: Pieces of String, de Alela Diane.
Etiquetas: ¿Qué vemos hoy?, Íntimo y personal
Sinopsis: Seattle está siendo asolada por una serie de desapariciones y asesinatos en masa. Para las autoridades, la autoría podría estar en un cruel y despiadado asesino en serie, pero en realidad, se trata de la vampiro Victoria, que espoleada por su sed de venganza hacia Bella y los Cullen, crea indiscriminadamente un ejército de vampiros neófitos para acabar con Edward, su familia y su amada. Para intentar detenerla y proteger también a Bella, los Cullen se ven obligados a unirse al clan licántropo, dejando así a un lado temporalmente su odio y rivalidad ancestrales. Al mismo tiempo, Bella tiene cada vez más problemas para aclarar sus sentimientos, pues está dividida por el amor que profesa al vampiro Edward Cullen y al hombre lobo Jacob Black...
Vamos a ver, vamos a ver, vamos a ver, vayamos por partes. A ver, a mí la saga Crepúsculo me gusta. No es que me apasione, pero bueno, me entretiene, con lo cual, ya es bastante. Yo me leí los cuatro volúmenes de la saga de Meyer en tiempo récord, porque enganchan que no veas (a pesar de sus más que frecuentes pasajes empalagosamente vomitivos), y a mí las pelis como que me van; me van porque, repito, me entretienen. Ya está. No se puede idolatrar a extremos insospechados esta saga (a no ser que seas una adolescente descontrolada), ni tampoco se puede condenar al más absoluto ostracismo; hay que ser objetivos: el único propósito, tanto por parte de las novelas como de las películas, es, simple y llanamente, entretener. Y conmigo lo consiguen, así que a mí no me importa volver a visionarlas de vez en cuando (ya volver a enfrentarme con la lectura de las novelas... eso ya es otro cantar).
Pero, ¿qué narices pasa? A ver, pues que en vez de ir in crescendo vamos cuesta abajo, en punto muerto, sin frenos y con el embrague pisado (esa frase es muy Catherine Heathcliff trademark). Porque mira que me aburrí soberanamente con Eclipse... fíjense ustedes, escasos y amados lectores de este blog, yo esperaba mucho menos de Luna Nueva (New Moon, 2009), de Chris Weitz, y mira por donde, me sorprendió gratamente y me lo pasé muy bien en el cine, me quedé con ganas de más, sí, señor. Lo cierto es que desde la primera, Crepúsculo (Twilight, 2008), de Catherine Hardwicke, creo que la cosa ha ido decayendo, quizá los cambios de directores o por la historia en sí, que es penosa hasta decir basta y que no se puede sacar de donde no hay. No sé, el caso es que Eclipse es mala de narices. Me sentí un poco mareada, aún conociendo la historia como lectora; hay un montón de información que contar que tiene que aparecer sí o sí, y el resultado es un batiburrillo de vampiros, hombres lobos, amores imposibles y odios ancestrales que marea, marea y mucho.
Supongo que aquí es como se dice siempre, que segundas partes nunca fueron buenas... en este caso, el dicho se cumple a la perfección.
Y, ¿qué pasa con las interpretaciones? Bueno, de mal en peor, porque en la primera eran bastante dignas. Buf, buf, por favor, pero qué pasarela de malos actores más interminable. Kristen Stewart sigue pareciéndome igual de pánfila que en la anterior (es que esa es la palabra adecuada para dirigirse a ella), y Robert Pattinson tiene serios problemas de autoestima, porque se cree un galán de los antiguos, como Montgomery Clift, y se queda en chulo piscina. Ah, no, perdón, que el chulo piscina es Taylor Lautner. Se nota que no había mucho dinero ante la insultante y descarada carencia de camisetas. Es que el resto de secundarios tanto me da que me da lo mismo, en serio. Patético, señores, pero... más dura será la caida. Y yo estaré ahí para verlo... ¿otro posible caso del síndrome Mark Hamill?
¿Lo mejor? La banda sonora, por supuesto, porque Howard Shore es un pedazo de genio, haga lo que haga. Y la selección, como viene siendo habitual en esta saga, de temas de grupos y solistas indis sigue siendo francamente buena, en serio. Yo soy una fan declarada de las bandas sonoras de esta saga, las recomiendo todas, las tres. Y supongo que para Amanecer (Breaking Dawn) ocurrirá lo mismo, y por partida doble.
Que luego me quejo, pero cuando estrenen Amanecer, ¿quién va a estar la primera en el cine para verla?
Vamos a ver, vamos a ver, vamos a ver, vayamos por partes. A ver, a mí la saga Crepúsculo me gusta. No es que me apasione, pero bueno, me entretiene, con lo cual, ya es bastante. Yo me leí los cuatro volúmenes de la saga de Meyer en tiempo récord, porque enganchan que no veas (a pesar de sus más que frecuentes pasajes empalagosamente vomitivos), y a mí las pelis como que me van; me van porque, repito, me entretienen. Ya está. No se puede idolatrar a extremos insospechados esta saga (a no ser que seas una adolescente descontrolada), ni tampoco se puede condenar al más absoluto ostracismo; hay que ser objetivos: el único propósito, tanto por parte de las novelas como de las películas, es, simple y llanamente, entretener. Y conmigo lo consiguen, así que a mí no me importa volver a visionarlas de vez en cuando (ya volver a enfrentarme con la lectura de las novelas... eso ya es otro cantar).
Pero, ¿qué narices pasa? A ver, pues que en vez de ir in crescendo vamos cuesta abajo, en punto muerto, sin frenos y con el embrague pisado (esa frase es muy Catherine Heathcliff trademark). Porque mira que me aburrí soberanamente con Eclipse... fíjense ustedes, escasos y amados lectores de este blog, yo esperaba mucho menos de Luna Nueva (New Moon, 2009), de Chris Weitz, y mira por donde, me sorprendió gratamente y me lo pasé muy bien en el cine, me quedé con ganas de más, sí, señor. Lo cierto es que desde la primera, Crepúsculo (Twilight, 2008), de Catherine Hardwicke, creo que la cosa ha ido decayendo, quizá los cambios de directores o por la historia en sí, que es penosa hasta decir basta y que no se puede sacar de donde no hay. No sé, el caso es que Eclipse es mala de narices. Me sentí un poco mareada, aún conociendo la historia como lectora; hay un montón de información que contar que tiene que aparecer sí o sí, y el resultado es un batiburrillo de vampiros, hombres lobos, amores imposibles y odios ancestrales que marea, marea y mucho.
Supongo que aquí es como se dice siempre, que segundas partes nunca fueron buenas... en este caso, el dicho se cumple a la perfección.
Y, ¿qué pasa con las interpretaciones? Bueno, de mal en peor, porque en la primera eran bastante dignas. Buf, buf, por favor, pero qué pasarela de malos actores más interminable. Kristen Stewart sigue pareciéndome igual de pánfila que en la anterior (es que esa es la palabra adecuada para dirigirse a ella), y Robert Pattinson tiene serios problemas de autoestima, porque se cree un galán de los antiguos, como Montgomery Clift, y se queda en chulo piscina. Ah, no, perdón, que el chulo piscina es Taylor Lautner. Se nota que no había mucho dinero ante la insultante y descarada carencia de camisetas. Es que el resto de secundarios tanto me da que me da lo mismo, en serio. Patético, señores, pero... más dura será la caida. Y yo estaré ahí para verlo... ¿otro posible caso del síndrome Mark Hamill?
¿Lo mejor? La banda sonora, por supuesto, porque Howard Shore es un pedazo de genio, haga lo que haga. Y la selección, como viene siendo habitual en esta saga, de temas de grupos y solistas indis sigue siendo francamente buena, en serio. Yo soy una fan declarada de las bandas sonoras de esta saga, las recomiendo todas, las tres. Y supongo que para Amanecer (Breaking Dawn) ocurrirá lo mismo, y por partida doble.
Que luego me quejo, pero cuando estrenen Amanecer, ¿quién va a estar la primera en el cine para verla?
Catherine Heathcliff.
Lo que estoy escuchando: Chop and Change, de The Black Keys (Eclipse Soundtrack).
Etiquetas: ¿Qué vemos hoy?
Una de las cosas más importantes en esta vida es tener sentido del humor. Y, sobre todo, cuando se vive alguna experiencia traumática de la que crees que es imposible salir. Supongo que cuando vemos que todo nos supera, armarte de paciencia y optimismo es la clave para empezar a encarrilar lo que antes contemplabas como un rumbo a la deriva sin remisión.
Mi padre es el mejor ejemplo de sentido del humor con el que me he topado.
Operado de un cáncer de colon con éxito. Sin metástasis, sin quimioterapia. Su cuerpo entero es un puro trombo. Dos en la pierna izquierda, en la vena poplítea y en la femoral. Tres en el pulmón. Está vivo, de milagro e inexplicablemente. Debe inyectarse heparina de 10000 mg durante seis meses, además de llevar dos medias compresoras desde los tobillos hasta la cintura para evitar que los trombos afecten a, por ejemplo, corazón, o que sigan subiendo hasta, Dios no lo quiera, el cerebro.
Hace un par de semanas, mi padre y yo íbamos a la ortopedia para encargar las medias compresoras. Íbamos caminando y disfrutando de un agradable paseo, sin prisas, sin pausas. Llegado el momento, teníamos que cruzar por un paso de cebra en una avenida principal de mi Úbeda de mis amores (esta ciudad es caótica en lo que a tráfico se refiere, prometido y palabra). Sucedió lo que siempre, que los coches se saltan a la torera los pasos de cebra. Mi padre, precavido como pocos, me agarró del brazo para que no cruzara hasta que la vía estuviese despejada:
PapáCatherine: ¡Shhhh, no, no, no cruces! Espérate, que hay gente que está muy loca. ¡Ja! Tendría gracia, vamos, que no me matara ni un cáncer ni un tromboembolismo pulmonar, sino un coche que me atropeyara. Y fíjate, Cathy, eso ya sería no un trombo, sino un trombazo.
Me hizo muchísima gracia. Él es único para bromear... y es el que mejor lo hace en casa. Y hace pocos días estábamos los tres (PapáCatherine, MamáCatherine y yo) viendo la tele en nuestro salón y en un canal del robo más grande de la historia, digo, de la TDT, de cuyo nombre no quiero acordarme, salió un reportaje sobre los metrosexuales. Comentario oportuno al 100% de PapáCatherine:
PapáCatherine: Metrosexuales, metrosexuales, ¡qué idiotez! Yo no soy un metrosexual, ¡yo soy un trombosexual!
Es único. Si eso no es sentido del humor, ¿qué si no?
Mi padre es el mejor ejemplo de sentido del humor con el que me he topado.
Operado de un cáncer de colon con éxito. Sin metástasis, sin quimioterapia. Su cuerpo entero es un puro trombo. Dos en la pierna izquierda, en la vena poplítea y en la femoral. Tres en el pulmón. Está vivo, de milagro e inexplicablemente. Debe inyectarse heparina de 10000 mg durante seis meses, además de llevar dos medias compresoras desde los tobillos hasta la cintura para evitar que los trombos afecten a, por ejemplo, corazón, o que sigan subiendo hasta, Dios no lo quiera, el cerebro.
Hace un par de semanas, mi padre y yo íbamos a la ortopedia para encargar las medias compresoras. Íbamos caminando y disfrutando de un agradable paseo, sin prisas, sin pausas. Llegado el momento, teníamos que cruzar por un paso de cebra en una avenida principal de mi Úbeda de mis amores (esta ciudad es caótica en lo que a tráfico se refiere, prometido y palabra). Sucedió lo que siempre, que los coches se saltan a la torera los pasos de cebra. Mi padre, precavido como pocos, me agarró del brazo para que no cruzara hasta que la vía estuviese despejada:
PapáCatherine: ¡Shhhh, no, no, no cruces! Espérate, que hay gente que está muy loca. ¡Ja! Tendría gracia, vamos, que no me matara ni un cáncer ni un tromboembolismo pulmonar, sino un coche que me atropeyara. Y fíjate, Cathy, eso ya sería no un trombo, sino un trombazo.
Me hizo muchísima gracia. Él es único para bromear... y es el que mejor lo hace en casa. Y hace pocos días estábamos los tres (PapáCatherine, MamáCatherine y yo) viendo la tele en nuestro salón y en un canal del robo más grande de la historia, digo, de la TDT, de cuyo nombre no quiero acordarme, salió un reportaje sobre los metrosexuales. Comentario oportuno al 100% de PapáCatherine:
PapáCatherine: Metrosexuales, metrosexuales, ¡qué idiotez! Yo no soy un metrosexual, ¡yo soy un trombosexual!
Es único. Si eso no es sentido del humor, ¿qué si no?
Catherine Heathcliff.
Lo que estoy escuchando: The Last Laugh, de Mark Knopfler.
Etiquetas: Íntimo y personal, Mens sana in corpore sano
Papá, esta te la dedico a ti, porque te viene que ni al pelo...
Invincible, Muse.
And tonight, we can trully say together we're invicible.
Papá, tú lo eres.
Papá, tú lo eres.
Catherine Heathcliff.
Etiquetas: Íntimo y personal, Música es...
Le agradezco en su totalidad la inspiración y la entrada en sí misma a mi querido Mike. Porque ahora a los futboleros nos viene una estapa maravillosa: el Mundial. ¡Partidos tooooooooodos los días! Por favor, qué delicia...
Pidos disculpas de antemano por el tonito un tanto discriminatorio que a mujeres destila, pero señoras mías, es en plan divertido, nada ofensivo, porque por lo menos, yo soy mujer (y orgullosísima de ello, Dios me libre) y no me sentí para nada agraviada, me reí mucho, de hecho. Yo creo que le dedicaré la entrada a mi madre; la pobre está en franca minoría: mamáCatherine versus papáCatherine y Catherine Heathcliff, o lo viene siendo odio el fútbol versus lo idolatramos.
Ánimo, mamá, si sólo será durante un mes y ya. Ah, no, que empezaría la pretemporada de los equipos, los amistosos, los torneos de verano, calentando motores para la liga 2010-2011... ¡Ñam, ñam!
EDICTO PARA LA ESPOSAS, MADRES, HERMANAS, PRIMAS, AMIGAS, NOVIAS, MOZAS Y MUJERES EN GENERAL:
Pidos disculpas de antemano por el tonito un tanto discriminatorio que a mujeres destila, pero señoras mías, es en plan divertido, nada ofensivo, porque por lo menos, yo soy mujer (y orgullosísima de ello, Dios me libre) y no me sentí para nada agraviada, me reí mucho, de hecho. Yo creo que le dedicaré la entrada a mi madre; la pobre está en franca minoría: mamáCatherine versus papáCatherine y Catherine Heathcliff, o lo viene siendo odio el fútbol versus lo idolatramos.
Ánimo, mamá, si sólo será durante un mes y ya. Ah, no, que empezaría la pretemporada de los equipos, los amistosos, los torneos de verano, calentando motores para la liga 2010-2011... ¡Ñam, ñam!
EDICTO PARA LA ESPOSAS, MADRES, HERMANAS, PRIMAS, AMIGAS, NOVIAS, MOZAS Y MUJERES EN GENERAL:
1. Les informamos que del 11 de Junio al 11 de Julio , se celebrará el Mundial de Fútbol , así que lean las secciones deportivas y todo lo referente al evento para que tengan tema de conversación; si no lo hacen, no se extrañen de que no les hablemos, no tendrá sentido.
2. Durante el Mundial la televisión es nuestra, a todas hora, sin excepción. El mando no se mira, y mucho menos se toca.
3. Si tienen que pasar frente a la tele durante un partido no nos importa, siempre y cuando pasen gateando y sin distraernos, o esperando prudentemente alguna pausa (fuera de banda, de puerta, etc.).
4. Durante los partidos estamos sordos y ciegos. No esperen que les oigamos, que abramos la puerta, contestemos el teléfono, llevemos los hijos al colegio, acompañarlas a ningun lado o ayudar en algún trabajo. Para eso los hombres no somos capaces de hacer más de una tarea a la vez, ¿no?
5. Será bueno que siempre tengan cervezas en la nevera, whisky a mano en abundancia y sonrían y atiendan bien a los amigos que llegan a ver el mundial. Tendréis que encargaros de revisar que las bebidas y comidas estén listas y que no falten nunca. Si no es así, nos iremos al bar, allí siempre están listas, con la posibilidad casi matemática de llegar a cualquier hora intempestiva y en estado francamente lamentable, en cuyo caso no cabe tomar ningún tipo de represalia, ya que si nos hemos ido ha sido por la incomodidad a la que nos vemos sometidos en nuestra propia casa. En agradecimiento, les dejaremos ver la televisión desde la media noche hasta las 6 de la mañana.
6. - Por favor, si nos ven molestos porque nuestro equipo favorito va perdiendo, no nos digan "no es para tanto", o "en el siguiente seguro ganan", eso nos hace cabrear incluso más. Todo español futbolero lleva un seleccionador dentro, ¡respétenlo!
7. Pueden sentarse a ver UN partido con nosotros y pueden hablar (poco) en el descanso y sólo si hay anuncios. Y no abusen, UN partido.
8. Las repeticiones de los goles son muy importantes. No importa si ya las vimos o no las hemos visto, las queremos ver de nuevo. Muchas veces. (¡Este punto me encanta!)
9. Que no se le ocurra a ninguna de sus amistades bautizar al niño o hacer una Primera Comunión un sábado o domingo de partido del Mundial porque: a) No iremos b) No iremos y c) No iremos.
10. Ni se les ocurra decirnos "hace mucho que no vamos a casa de mi madre", porque no iremos bajo ningún concepto. Ya es un inconveniente en cualquier otra ocasión, muchísimo más durante el Mundial. Si un amigo nos invita un domingo a ver fútbol iremos sin más trámite. Es más, iremos cualquier día y a cualquier hora, sin pensarlo.
11. Los resúmenes de la jornada Mundialista durante la noche son tan importantes como los propios partidos; no se les ocurra decir "pero si eso ya lo viste. ¿Por qué no cambias?".
12. Los jugadores son buenos o malos, pero NUNCA son ni guapos ni feos (en este punto discrepo, sólo basta con mirar a Xabi Alonso, ¡por favor, qué hombre!).
13. Finalmente, ahórrense expresiones como "¡Qué bien que el Mundial es cada 4 años!" Estamos inmunizados contra esas palabras. Entre Mundial y Mundial hay Eurocopa, y cada año hay Liga, Copa del Rey, Liga de Campeones, Copa de la UEFA... Nuestra benevolencia al no abusar de ello roza el altruísmo, no se pasen de listas... (Este me encanta también, pero está old-fashioned, que la Liga de Campeones es ahora la UEFA Champions League y la Copa de la UEFA se llama ahora Europa League. Ahí, que se note que, a pesar de ser mujer, estoy puesta y más que puesta).
¡LÉASE Y CÚMPLASE!
Nota: Les recomendamos fijar este aviso (edicto) en los lugares más visibles de la casa (sala principal, comedor, nevera), con el fin de que no digan después que no se les avisó con tiempo. El incumplimiento de estas normas acarreará inmediatamente la suspensión por un año de Salsa Rosa y Dónde Estás Corazón, así como del programa de Ana Rosa Quintana, con la sustitución de los mismos por la colección en DVD de Duelos Históricos del Marca o similares. (¡Qué bueno!)
Ale, futboleros míos, ¡a disfrutar!
Catherine Heathcliff.
Lo que estoy escuchando: Wavin' Flag, de David Bisbal & K'naan.
Etiquetas: Íntimo y personal, Mens sana in corpore sano
Sábado, 15 de mayo de 2010, FNAC de Sevilla, alrededor de las siete de la tarde.
Catherine Heathcliff encontró el cd titulado Black Holes & Revelations, de sus adorados Muse, su segundo grupo favorito (todo el que la conoce sabe que el primero es Coldplay), al maravilloso precio de 7.95 euros. Catherine tiene toda la discografía de Muse en su poder, pero ninguno es original; casi todos son grabados por displicentes y generosos amigos. Ello se debe a que a Catherine antes Muse sólo le gustaba, pero ahora y desde que está en Sevilla los adora, y decidió hace poco comprarse uno a uno y a su debido tiempo todos sus cds originales.
Catherine estaba con su padre. En realidad, Catherine pasa ahora muchísimo tiempo con su padre, por razones obvias y que no vienen al caso. PapáCatherine decidió regalarle él mismo el cd, ante las protestas de Catherine, que desde que tiene un sueldo fijo odia que sus padres le compren nada:
CatherineHeathcliff: Papá, que no, que me lo pago yo, que para eso gano yo mi dinero. ¡Si además, son ocho euros, jolín!
PapáCatherine: ¡Que te calles, que te lo pago yo! A ver, ¿no dices que es tu cd favorito de esta gente?
CatherineHeathcliff: Sí, sí... jolín... bueno, es que me encantan, papá, este cd es una joya.
PapáCatherine: Ea, pues ya está, adjudicado.
CatherineHeathcliff: Muchas gracias, es mi disco favorito de Muse.
PapáCatherine: De nada, de nada, pero... ¡hija, qué cosas te gustan! Muse... ¿un grupo que se llama "ratón"? ¡Qué cosa más rara!
CatherineHeathcliff: ... esto... papá, ehm... eso es MOUSE...
Catherine Heathcliff encontró el cd titulado Black Holes & Revelations, de sus adorados Muse, su segundo grupo favorito (todo el que la conoce sabe que el primero es Coldplay), al maravilloso precio de 7.95 euros. Catherine tiene toda la discografía de Muse en su poder, pero ninguno es original; casi todos son grabados por displicentes y generosos amigos. Ello se debe a que a Catherine antes Muse sólo le gustaba, pero ahora y desde que está en Sevilla los adora, y decidió hace poco comprarse uno a uno y a su debido tiempo todos sus cds originales.
Catherine estaba con su padre. En realidad, Catherine pasa ahora muchísimo tiempo con su padre, por razones obvias y que no vienen al caso. PapáCatherine decidió regalarle él mismo el cd, ante las protestas de Catherine, que desde que tiene un sueldo fijo odia que sus padres le compren nada:
CatherineHeathcliff: Papá, que no, que me lo pago yo, que para eso gano yo mi dinero. ¡Si además, son ocho euros, jolín!
PapáCatherine: ¡Que te calles, que te lo pago yo! A ver, ¿no dices que es tu cd favorito de esta gente?
CatherineHeathcliff: Sí, sí... jolín... bueno, es que me encantan, papá, este cd es una joya.
PapáCatherine: Ea, pues ya está, adjudicado.
CatherineHeathcliff: Muchas gracias, es mi disco favorito de Muse.
PapáCatherine: De nada, de nada, pero... ¡hija, qué cosas te gustan! Muse... ¿un grupo que se llama "ratón"? ¡Qué cosa más rara!
CatherineHeathcliff: ... esto... papá, ehm... eso es MOUSE...
Catherine Heathcliff.
Lo que estoy escuchando: cualquiera de Muse; dejo a mis lectores que le pongan banda sonora a esta entrada, pero con una condición: que sea cualquier composición de mis ratones alternativos.
Etiquetas: Íntimo y personal, Música es...
Dicen que los 25 años son cruciales en la vida de todo ser humano. Me dijeron en noviembre de 2009 que acababa de cumplir una edad preciosa, y que a partir de ese momento la vida corría mucho más rápido y sin darte cuenta. Yo no sé si es verdad o mentira, pero sí que es cierto que desde ese momento hasta ahora me sentía como si estuviera viviendo la mejor etapa de mi vida. Dicen también que a los 25 años empiezas a ser -y a sentirte- un poco más adulto. En eso no sé yo, porque yo seguía con mis locuras -sanas, eso sí- como siempre.
Pero ahora sí que entiendo esa afirmación. Los hijos somos de naturaleza egoísta para con nuestros padres. Supongo que eso es inherente al tema de ser hijo. Queremos crecer muy deprisa, siempre ha sido así. Y creemos que nuestros padres son eternos, porque siempre lo han sido para nosotros, desde niños; los miramos con una suerte de admiración reverencial, como si fuésemos siempre muy pequeñitos y estuviésemos constantemente mirando hacia arriba, hacia un ser superior, lleno de autoridad. Para los hijos que queremos a nuestros padres, ellos son invencibles, de hierro macizo, y ni siquiera pensamos el hecho de que algún día puedan dejar de estar ahí. ¡Por Dios, eso es casi pensamiento herético! Nuestros padres, repito, son eternos. Y como tal, jamás dejarán de estar protegiendo nuestras espaldas.
El problema es que la vida es la mejor maestra que tenemos, y nadie mejor que una docente sabe que esa es una gran verdad. Como buena maestra, es capaz de enseñarnos valiosas lecciones en ocasiones, pero en otras es dolorosamente estricta con sus discípulos. Y papá, con nosotros, conmigo, lo está siendo. Y mucho.
Sin embargo, yo siempre he sido una alumna de sobresalientes y matrículas. Ni un sólo suspenso jalona mi expediente académico. He pasado exámenes muy difíciles y ha habido asignaturas que se me han atragantado, como buen ser humano que soy. Así que yo me senté el miércoles día 12 de mayo de 2010 delante de mi vida, miré directamente a su faz y le dije que estudiaría muchísimo hasta dejarme la piel, como he hecho siempre, porque esta nueva prueba la pasaría, y con nota. Haré así que tú, papá, te sientas orgulloso de mí una vez más, como ha ocurrido siempre. Te doy mi palabra de que así será.
Pero...
Papá, no puedo pasar esta prueba sin ti. Y aunque mi escrito destile egoísmo porque la mayor prueba de todas recae ahora mismo en tus manos, no puedo dejar de pensar que mamá y yo también hemos de pasar este severo examen donde nos entra toda la materia explicada en la asignatura de la vida.
Así que, papá, ayúdame, ayúdanos: estudia mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, la vida nos va en ello. Eso sí, la vida nos va a permitir que nos mofemos un poquito, una chispa nada más, de ella; cuando te estés sometiendo a la mayor prueba de todas, mira de reojo a derecha y a izquierda, y cópiate de quien siempre tienes y tendrás a cada lado: de tu mujer, mi madre, y de tu hija, la que escribe. ¿Me lo prometes?
Tu hija, que te quiere más que a nada,
Catherine Heathcliff.
Catherine Heathcliff.
Lo que estoy escuchando: Invincible, de Muse (Black Holes & Revelations).
Etiquetas: Íntimo y personal
Este año he ido a mi primera feria de Sevilla. La primera en toda mi vida. Ha sido una experiencia única en todos los sentidos, porque si bien la que escribe no es que sea muy adepta a celebraciones de ese tipo, sí que es cierto que, a varios niveles, la experiencia vivida en abril fue bastante intensa y jamás dejó de sorprenderme durante los tres días en los que estuve pisando albero en el recinto ferial. Es hermoso de veras conocer nuevas cosas y saber extraer tanto lo positivo como lo que no lo es tanto de todo lo que se vive.
Y una de las cosas positivas que la feria de abril de Sevilla me reportó fue conocer a Alfredo Moreno.
El mundo es muy pequeño, bastante diminuto, en realidad, y los caminos por los que nos guía hace que la vida sea una aventura muy interesante. Alfredo es vecino mío; bueno, vecino... más o menos. Digamos que vivimos en el mismo barrio, a más o menos unos diez minutos a pie de distancia (o quince, si llevas tacones). Alfredo es mi tocayo de primer apellido (evidentemente, de mi nombre real, no del pseudónimo bajo el que escribo en este blog), y ese es un dato importante, porque por esa coincidencia hace que me despierte hasta más simpatía aún si cabe. Alfredo es antiguo alumno del colegio en el que ahora trabajo, así que en fin, hasta por unos cuantos años de diferencia, estábamos casi, casi, casi destinados a encontrarnos dentro de cuatro paredes docentes. Y, lo más importante, Alfredo es un encanto de persona; en realidad, nos conocemos muy poquito, pero lo suficiente como para ser capaz de decir que es francamente agradable, simpático, divertido... y etcétera, etcétera, etcétera, porque todo lo que voy a decir deducido de lo poquito que nos conocemos, hasta ahora, va a ser bueno, excelente.
Y, en fin, Alfredo es también una caja de sorpresas, porque es un gran artista.
Cantautor, de los que ya no quedan, de esa raza de artistas que pareció declinar tiempos atrás, pero que de vez en cuando, muy de vez en cuando, nos sorprende con gratas sorpresas, valga la redundancia. Como a mí, amante de la música intimista y sin grandes estridencias. Como la de Alfredo. Le di mi palabra de que haría todo lo posible por que su música se oyera, y desde mi humilde blog procuro contagiar a mis fieles lectores de ese gusanillo en el estómago que provoca escuchar No cambies de luz. Las personas que amamos la música por encima de todas, que la vivimos y que hemos participado de ella (como es mi caso, que siempre he dado pequeños conciertos y recitales), nos resulta muy difícil a veces expresar con palabras lo que una pieza nos inspira, y tan sólo podemos compartirla con los demás.
Así que, dejadme que os presente a Alfredo Moreno. Un consejo, dadle al play y relajaos... tan sólo escuchad.
Y una de las cosas positivas que la feria de abril de Sevilla me reportó fue conocer a Alfredo Moreno.
El mundo es muy pequeño, bastante diminuto, en realidad, y los caminos por los que nos guía hace que la vida sea una aventura muy interesante. Alfredo es vecino mío; bueno, vecino... más o menos. Digamos que vivimos en el mismo barrio, a más o menos unos diez minutos a pie de distancia (o quince, si llevas tacones). Alfredo es mi tocayo de primer apellido (evidentemente, de mi nombre real, no del pseudónimo bajo el que escribo en este blog), y ese es un dato importante, porque por esa coincidencia hace que me despierte hasta más simpatía aún si cabe. Alfredo es antiguo alumno del colegio en el que ahora trabajo, así que en fin, hasta por unos cuantos años de diferencia, estábamos casi, casi, casi destinados a encontrarnos dentro de cuatro paredes docentes. Y, lo más importante, Alfredo es un encanto de persona; en realidad, nos conocemos muy poquito, pero lo suficiente como para ser capaz de decir que es francamente agradable, simpático, divertido... y etcétera, etcétera, etcétera, porque todo lo que voy a decir deducido de lo poquito que nos conocemos, hasta ahora, va a ser bueno, excelente.
Y, en fin, Alfredo es también una caja de sorpresas, porque es un gran artista.
Cantautor, de los que ya no quedan, de esa raza de artistas que pareció declinar tiempos atrás, pero que de vez en cuando, muy de vez en cuando, nos sorprende con gratas sorpresas, valga la redundancia. Como a mí, amante de la música intimista y sin grandes estridencias. Como la de Alfredo. Le di mi palabra de que haría todo lo posible por que su música se oyera, y desde mi humilde blog procuro contagiar a mis fieles lectores de ese gusanillo en el estómago que provoca escuchar No cambies de luz. Las personas que amamos la música por encima de todas, que la vivimos y que hemos participado de ella (como es mi caso, que siempre he dado pequeños conciertos y recitales), nos resulta muy difícil a veces expresar con palabras lo que una pieza nos inspira, y tan sólo podemos compartirla con los demás.
Así que, dejadme que os presente a Alfredo Moreno. Un consejo, dadle al play y relajaos... tan sólo escuchad.
Catherine Heathcliff.
Lo que estoy escuchando: ¿Necesitas más pistas?
Etiquetas: Mi Sevilla, Música es...
Furia de titantes (Clash of the Titans, 2010), de Louis Leterrier
2 comentarios Publicado por Catherine Heathcliff en 12:58Sinopsis: la hegemonía de los dioses del Olimpo está llegando a su fin: los hombres se han rebelado contra ellos. Perseo (Sam Worthington), nacido como un dios, pero criado como un hombre, no puede hacer nada para salvar a su familia adoptiva de Hades (Ralph Fiennes), el vengativo y cruel dios del inframundo. Sin nada más que perder, Perseo se ofrece para liderar una peligrosa misión destinada a derrotar a Hades antes de que pueda arrebatarle el poder a Zeus (Liam Neeson), su hermano, y convertir la Tierra en un infierno. Perseo comienza un peligroso viaje a lo más profundo de los mundos prohibidos, al frente de un grupo de guerreros entre los que se encuentran Draco (Mads Mikkelsen), un experimentado, valiente y leal soldado que anima al rebelde Perseo a aprovechar sus poderes divinos. Luchando contra demonios desalmados y bestias terribles, sólo sobrevivirán si Perseo acepta su condición de semidios y se enfrenta a su propio destino.
Si hay algo que adoro de vivir en Sevilla es las innumerables posibilidades que se presentan ante mí, cinéfila empedernida. He podido ir a los cines de la capital hispalense más de diez veces, disfrutando de unas salas impresionantes y descubriendo por primera vez las películas en 3D. Pero he tenido mala suerte: sólo en tres ocasiones he salido del cine totalmente feliz de lo que había visto; una fue con Malditos bastardos (Inglorious Basterds, 2009, de Quentin Tarantino), otra con Luna Nueva (New Moon, 2009, de Chris Weitz), y otra con Sherlock Holmes (2009, de Guy Ritchie). Las demás, polvo y aire, como diría Máximo. Con Furia de titanes, tres cuartas de lo mismo: euros mal invertidos. Pero muy mal invertidos, diría yo. Parece que me ha mirado un tuerto cinéfilo y sevillano, por Dios.
Vaya peñazo de peli me tragué ayer, señoras y señores. Mira que a mí me gustan las cosas estas de la épica, y las cosas estas de aventuras, y las cosas estas de mitología, y las cosas estas de bichos raros, feos y gigantes, y las cosas estas de héroes. Pero la cosa esta de película es un asco muy gordo. Vamos, que a mí no me gustó nada de nada. Para empezar, han hecho con la mitología básicamente lo que les ha dado la gana, inventándose historias y líos varios para darle ¿argumento? a la película, pero bueno, dejemos eso a un lado. Había ahí una sucesión de personajes extraños, que no pintaban nada de nada, como el de Cálibo, el artista anteriormente conocido como rey Acrisio, (que interpreta Jason Flemyng. ¡Qué pena me da Jason Flemyng! ¿Qué ha sido de él? Dejó atrás sus años mozos de El violín rojo y de Lock & Stock para dejar paso a una sucesión de personajes metamorfoseados y asquerosamente maquillados o digitalizados, como en La liga de los hombres extraordinarios, Solomon Kane o esta paupérrima Furia de titanes), el de la princesa Andrómeda (Alexa Davalos) o el de Ixas (Hans Matheson). Y podría seguir, preguntándome qué hacen ahí actores como Vincent Regan, Ralph Fiennes, Pete Postlethwaite, Liam Neeson o ¡Danny Huston! Vaya Olimpo, señores, entre Neeson, Fiennes y Huston; parecía una gala de algo, más que un sitio donde los dioses se tiran a la bartola. Yo creo que poner a esta gente en esta peli es un intento del director éste, que sólo lo conoce su madre y su abuela, de darle un poco de seriedad al producto irrisorio que ha parido. Lo que pasa es que a mí, lejos de producirme esa sensación, todo lo contrario, me provoca vergüenza ajena. Es que yo respeto al señor Fiennes y al señor Neeson una barbaridad, y no paro de preguntarme desde ayer que por qué se han prestado a semejante despropósito, ¡si hasta Fiennes trabaja mal! Parece que vino a cobrar el cheque (muy grande tuvo que ser, por cierto) para largarse después a tomarse un par de pintas con Liam Neeson. Y todavía ando preguntándome por qué respeto y me gusta cada vez más Joseph que Ralph... es que lo mío con los Fiennes se retrotrae a años ha. Bueno, y ¿qué decir de esa Medusa, cielo santo? Yo cuando la vi me dije "puaj, qué se nota que es de ordenador, y se parece un montón a la modelo esta de Garnier y Lorëal, cómo se llamaba... ¡ay!". Total, que me da por mirar en el IMDB y resulta que está "inspirada" en Natalia Vodianova, la que yo decía, vamos...
En fin, que podría seguir y seguir hablando mal de la película, pero es que tengo ahora que hablar peor de Sam Worthington. Lo siento, Margyh, sé que te encanta, pero, ¿de verdad este hombre actúa o sólo pone cara de cardo amargo? Porque en Avatar le pasa, y aquí también. Y además, con el doblaje que le han puesto, que no habla, gruñe o susurra, sin término medio. ¡Buf, buf!
Vamos, prefiero la versión antigua, la primigenia, la de 1981 (dirigida por Desmond Davis), y a sus carencias tecnológicas a esta de la que hablo, con todos sus alardes digitales. La versión de Davis la habré visto como unas cinco veces en mi vida, y jamás, jamás, jamás me canso de ella. Tiene ese encanto de lo carente que hace que le tenga ternura y un especial cariño.
Ya, creo que mejor debería parar, preguntándome si he visto algo bueno al tema, y bueno, sí, lo cierto es que sí: las Parcas me encantaron, y estoy empezando a preguntarme si Guillermo del Toro tiene algo que ver con ellas, porque tenía una ligera sensación de déjà vu con ellas. Me gustaron mucho, muy bien hechas, con esa mezcla de sensación amarga, aterradora y morbosa en el espectador. Y también Hans Matheson, ese (semi)desconocido actor para el público español en general, pero no para mí, que desde que tenía 15 años caí enamoradísima de él desde que lo vi en su interpretación de Mario de Pontmercy en Les Misérables (de Bille August, 1998). Algún día escribiré un post contando por qué me gusta tanto Matheson... tiene una historia detrás un tanto autobiográfica. Me dio mucha alegría verlo por ahí derrochando testosterona y tocando la flautilla en Furia de titanes. Un papel cortito, pero intenso (para mí, ¡ay).
En fin, que poco más que añadir. Creo que desde que tengo este, mi humilde blog, no he escrito una crítica tan dañina como esta. Empiezo a pensar que me he pasado, pero habla mi desilusión y mis 13 euros mal invertidos (de mi entrada y la de mi acompañante; eso me pasa por invitar).
Cines de Sevilla, no me defraudéis una vez más con estas proyecciones... aunque mejor debería revisarme yo el ojo clínico tan estupendo que Dios me ha dado.
Si hay algo que adoro de vivir en Sevilla es las innumerables posibilidades que se presentan ante mí, cinéfila empedernida. He podido ir a los cines de la capital hispalense más de diez veces, disfrutando de unas salas impresionantes y descubriendo por primera vez las películas en 3D. Pero he tenido mala suerte: sólo en tres ocasiones he salido del cine totalmente feliz de lo que había visto; una fue con Malditos bastardos (Inglorious Basterds, 2009, de Quentin Tarantino), otra con Luna Nueva (New Moon, 2009, de Chris Weitz), y otra con Sherlock Holmes (2009, de Guy Ritchie). Las demás, polvo y aire, como diría Máximo. Con Furia de titanes, tres cuartas de lo mismo: euros mal invertidos. Pero muy mal invertidos, diría yo. Parece que me ha mirado un tuerto cinéfilo y sevillano, por Dios.
Vaya peñazo de peli me tragué ayer, señoras y señores. Mira que a mí me gustan las cosas estas de la épica, y las cosas estas de aventuras, y las cosas estas de mitología, y las cosas estas de bichos raros, feos y gigantes, y las cosas estas de héroes. Pero la cosa esta de película es un asco muy gordo. Vamos, que a mí no me gustó nada de nada. Para empezar, han hecho con la mitología básicamente lo que les ha dado la gana, inventándose historias y líos varios para darle ¿argumento? a la película, pero bueno, dejemos eso a un lado. Había ahí una sucesión de personajes extraños, que no pintaban nada de nada, como el de Cálibo, el artista anteriormente conocido como rey Acrisio, (que interpreta Jason Flemyng. ¡Qué pena me da Jason Flemyng! ¿Qué ha sido de él? Dejó atrás sus años mozos de El violín rojo y de Lock & Stock para dejar paso a una sucesión de personajes metamorfoseados y asquerosamente maquillados o digitalizados, como en La liga de los hombres extraordinarios, Solomon Kane o esta paupérrima Furia de titanes), el de la princesa Andrómeda (Alexa Davalos) o el de Ixas (Hans Matheson). Y podría seguir, preguntándome qué hacen ahí actores como Vincent Regan, Ralph Fiennes, Pete Postlethwaite, Liam Neeson o ¡Danny Huston! Vaya Olimpo, señores, entre Neeson, Fiennes y Huston; parecía una gala de algo, más que un sitio donde los dioses se tiran a la bartola. Yo creo que poner a esta gente en esta peli es un intento del director éste, que sólo lo conoce su madre y su abuela, de darle un poco de seriedad al producto irrisorio que ha parido. Lo que pasa es que a mí, lejos de producirme esa sensación, todo lo contrario, me provoca vergüenza ajena. Es que yo respeto al señor Fiennes y al señor Neeson una barbaridad, y no paro de preguntarme desde ayer que por qué se han prestado a semejante despropósito, ¡si hasta Fiennes trabaja mal! Parece que vino a cobrar el cheque (muy grande tuvo que ser, por cierto) para largarse después a tomarse un par de pintas con Liam Neeson. Y todavía ando preguntándome por qué respeto y me gusta cada vez más Joseph que Ralph... es que lo mío con los Fiennes se retrotrae a años ha. Bueno, y ¿qué decir de esa Medusa, cielo santo? Yo cuando la vi me dije "puaj, qué se nota que es de ordenador, y se parece un montón a la modelo esta de Garnier y Lorëal, cómo se llamaba... ¡ay!". Total, que me da por mirar en el IMDB y resulta que está "inspirada" en Natalia Vodianova, la que yo decía, vamos...
En fin, que podría seguir y seguir hablando mal de la película, pero es que tengo ahora que hablar peor de Sam Worthington. Lo siento, Margyh, sé que te encanta, pero, ¿de verdad este hombre actúa o sólo pone cara de cardo amargo? Porque en Avatar le pasa, y aquí también. Y además, con el doblaje que le han puesto, que no habla, gruñe o susurra, sin término medio. ¡Buf, buf!
Vamos, prefiero la versión antigua, la primigenia, la de 1981 (dirigida por Desmond Davis), y a sus carencias tecnológicas a esta de la que hablo, con todos sus alardes digitales. La versión de Davis la habré visto como unas cinco veces en mi vida, y jamás, jamás, jamás me canso de ella. Tiene ese encanto de lo carente que hace que le tenga ternura y un especial cariño.
Ya, creo que mejor debería parar, preguntándome si he visto algo bueno al tema, y bueno, sí, lo cierto es que sí: las Parcas me encantaron, y estoy empezando a preguntarme si Guillermo del Toro tiene algo que ver con ellas, porque tenía una ligera sensación de déjà vu con ellas. Me gustaron mucho, muy bien hechas, con esa mezcla de sensación amarga, aterradora y morbosa en el espectador. Y también Hans Matheson, ese (semi)desconocido actor para el público español en general, pero no para mí, que desde que tenía 15 años caí enamoradísima de él desde que lo vi en su interpretación de Mario de Pontmercy en Les Misérables (de Bille August, 1998). Algún día escribiré un post contando por qué me gusta tanto Matheson... tiene una historia detrás un tanto autobiográfica. Me dio mucha alegría verlo por ahí derrochando testosterona y tocando la flautilla en Furia de titanes. Un papel cortito, pero intenso (para mí, ¡ay).
En fin, que poco más que añadir. Creo que desde que tengo este, mi humilde blog, no he escrito una crítica tan dañina como esta. Empiezo a pensar que me he pasado, pero habla mi desilusión y mis 13 euros mal invertidos (de mi entrada y la de mi acompañante; eso me pasa por invitar).
Cines de Sevilla, no me defraudéis una vez más con estas proyecciones... aunque mejor debería revisarme yo el ojo clínico tan estupendo que Dios me ha dado.
Catherine Heathcliff.
Lo que estoy escuchando: Invincible, de Muse (Black Holes & Revelations).
Etiquetas: ¿Qué vemos hoy?
Alicia en el país de las maravillas (Alice in Wonderland, 2010), de Tim Burton
2 comentarios Publicado por Catherine Heathcliff en 23:35Sinopsis: Alicia (Mia Wasikowska) es una chica de 19 años que regresa al mundo mágico donde se adentró siendo una niña para reunirse con sus antiguos amigos: el Conejo Blanco (Michael Sheen), Tweedledee y Tweedledum (Matt Lucas), el Lirón (Barbara Windsor), la Oruga Azul (Alan Rickman), el gato de Cheshire (Stephen Fry), y por supuesto, el Sombrerero Loco (Johnny Depp). Alicia se embarca en un viaje fantástico para encontrar su verdadero destino y poner fin al reinado de terror de la Reina Roja (Helena Bonham Carter), y que su hermana, la Reina Blanca (Anne Hathaway), se convierta en la legítima reina del Submundo.
Tim Burton es un puñetero genio. Sabe mejor que nadie cómo hacer obras maestras de sus descomunales idas de olla. Él es arte en sí mismo. Pero de vez en cuando, muy de vez en cuando, tiene gigantescas meteduras de patas. Una de ellas fue con El planeta de los simios (Planet of the Apes, 2001); otra ha sido con Alicia en el país de las maravillas. En realidad, durante las dos horas de metraje, yo no sabía si estaba metida en una idiotez muy grande, o es que estaba viendo al fin y al cabo una de las peores historias que se han escrito jamás en la literatura inglesa, y me da igual que la obra de Lewis Carroll sentara las bases de un género literario llamado Children's Literature. No me gustó cuando me leí ese libro de pequeña, ni tampoco cuando en segundo de carrera tuve que volver a hacerlo; es de esas historias que no te entran ni con calzador, por más que lo intentes.
Yo soy seguidora de Burton confesa, y muy orgullosa de serlo, además. Para mí, todo lo que haga tiene mi inmediata bendición, aunque no me guste, como ha sido el caso. La última película de Tim Burton me pareció lineal, como un electrocardiograma plano, sin pretensiones ni ambiciones y tremendamente aburrida, y sobre todo, demasiado infantil. Que conste que con eso no quiero decir que esté hecha para niños, porque no lo creo, sino que eché muchísimo de menos durante todo el metraje el oscurantismo y la fotografía lúgubre de Burton. Muy descafeinado todo, o quizás que yo pensaba encontrarme una suerte de Alicia a lo Señora Lovett. Es lo que tiene ser tan endiabladamente oscura como soy, pero bueno. Si hasta la banda sonora a cargo de Danny Elfman me pareció una canción de cuna... o es que esperaba a lo mejor una partitura a lo Sleepy Hollow (1999). No sé, no sé, pero muy mal... tantas expectativas sin cumplir, qué mal.
Respecto a las interpretaciones, bueno, psé, teniendo en cuenta que uno de mis actores favoritos, Michael Sheen, esté detrás de un micrófono doblando a una liebre majareta, que Alan Rickman sea una oruga, y que Stephen Fry (grande, grande, ¡grandísimo!) sea el gato de Chesire, y que tooooooooooodos estos personajes sean fruto de imagen digital, pues como que desluce un poco, a no ser que se vea en versión original, que no ha sido mi caso (todo se andará, no obstante). La tal Mia Wasikowska... vaya tela, no me ha gustado nada, la verdad, la señorita hierática, por Dios. Y Anne Hathaway, generalmente la defiendo muchísimo, porque me encanta, pero su sobreactuación implícita y exigida me parece EXCESIVAMENTE SOBREACTUADA. Los únicos, Helena Bonham Carter, que me encanta, digna esposa de quien es, y Johnny Depp, que aunque no me haya gustado en exceso su interpretación, yo a este hombre se lo perdono absolutamente todo.
Muy mal sabor de boca y muy mala sensación, sobre todo, cuando se tenían tantas expectativas como yo tenía, que eran muchísimas. Yo la he visto en su versión 3D, y bueno, en ese aspecto, mucho mejor que cuando fui a ver Avatar (2009, de James Cameron), he disfrutado la IMAX Experience mucho más. Bravo.
Espero, empero, que este sabor tan agrio se endulce un poquito más en la futura ida de olla de Tim Burton, de las que tan abyecta seguidora soy.
Tim Burton es un puñetero genio. Sabe mejor que nadie cómo hacer obras maestras de sus descomunales idas de olla. Él es arte en sí mismo. Pero de vez en cuando, muy de vez en cuando, tiene gigantescas meteduras de patas. Una de ellas fue con El planeta de los simios (Planet of the Apes, 2001); otra ha sido con Alicia en el país de las maravillas. En realidad, durante las dos horas de metraje, yo no sabía si estaba metida en una idiotez muy grande, o es que estaba viendo al fin y al cabo una de las peores historias que se han escrito jamás en la literatura inglesa, y me da igual que la obra de Lewis Carroll sentara las bases de un género literario llamado Children's Literature. No me gustó cuando me leí ese libro de pequeña, ni tampoco cuando en segundo de carrera tuve que volver a hacerlo; es de esas historias que no te entran ni con calzador, por más que lo intentes.
Yo soy seguidora de Burton confesa, y muy orgullosa de serlo, además. Para mí, todo lo que haga tiene mi inmediata bendición, aunque no me guste, como ha sido el caso. La última película de Tim Burton me pareció lineal, como un electrocardiograma plano, sin pretensiones ni ambiciones y tremendamente aburrida, y sobre todo, demasiado infantil. Que conste que con eso no quiero decir que esté hecha para niños, porque no lo creo, sino que eché muchísimo de menos durante todo el metraje el oscurantismo y la fotografía lúgubre de Burton. Muy descafeinado todo, o quizás que yo pensaba encontrarme una suerte de Alicia a lo Señora Lovett. Es lo que tiene ser tan endiabladamente oscura como soy, pero bueno. Si hasta la banda sonora a cargo de Danny Elfman me pareció una canción de cuna... o es que esperaba a lo mejor una partitura a lo Sleepy Hollow (1999). No sé, no sé, pero muy mal... tantas expectativas sin cumplir, qué mal.
Respecto a las interpretaciones, bueno, psé, teniendo en cuenta que uno de mis actores favoritos, Michael Sheen, esté detrás de un micrófono doblando a una liebre majareta, que Alan Rickman sea una oruga, y que Stephen Fry (grande, grande, ¡grandísimo!) sea el gato de Chesire, y que tooooooooooodos estos personajes sean fruto de imagen digital, pues como que desluce un poco, a no ser que se vea en versión original, que no ha sido mi caso (todo se andará, no obstante). La tal Mia Wasikowska... vaya tela, no me ha gustado nada, la verdad, la señorita hierática, por Dios. Y Anne Hathaway, generalmente la defiendo muchísimo, porque me encanta, pero su sobreactuación implícita y exigida me parece EXCESIVAMENTE SOBREACTUADA. Los únicos, Helena Bonham Carter, que me encanta, digna esposa de quien es, y Johnny Depp, que aunque no me haya gustado en exceso su interpretación, yo a este hombre se lo perdono absolutamente todo.
Muy mal sabor de boca y muy mala sensación, sobre todo, cuando se tenían tantas expectativas como yo tenía, que eran muchísimas. Yo la he visto en su versión 3D, y bueno, en ese aspecto, mucho mejor que cuando fui a ver Avatar (2009, de James Cameron), he disfrutado la IMAX Experience mucho más. Bravo.
Espero, empero, que este sabor tan agrio se endulce un poquito más en la futura ida de olla de Tim Burton, de las que tan abyecta seguidora soy.
Catherine Heathcliff.
Lo que estoy escuchando: Alice, de Avril Lavigne (Alice in Wonderland Soundtrack).
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