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Convento dos Capuchos y Palácio de Monserrate. Poco puedo decir aquí porque no pudimos vistarlo, tan sólo por fuera y en coche por los senderos de alrededor. Y es que Sintra en cuatro días... como que no. Aún así, nos damos por más que satisfechos, porque la visita nos cundió, y mucho. En cualquier caso, volveremos, de eso estamos seguros, así que, antes que nada, dos paradas obligadas.

Museo do brinquedo y Museo/Parque Teixeira. Si algún ávido lector de este, mi humilde blog, es aficionado a los museos, en Sintra puede disfrutar de, al menos, dos. Uno es, cuanto menos, curioso: el museo del juguete. No llegamos a entrar porque, la verdad sea dicha, tampoco es que nos llamara poderosísimamente la atención. Pero sí que es verdad que a mí particularmente me queda un poquito de curiosidad. Con respecto al Museo/Parque Teixeira, he de decir que nos topamos por casualidad. Teixeira fue un escultor natural de Sintra, y lo cierto es que la ciudad está orgullosísima de su hijo artista. El museo está justo en un parque que me impresionó gratamente y tras él, un paseo larguísimo con importantes obras escultóricas del propio Teixeira y de otros artistas portugueses la mar de innovadores y vanguardistas. A mí me gustó mucho, la verdad, a pesar de que nuestra estancia en esa zona fue breve.



Ocio en Sintra. Bueno, la verdad es que Sintra es una ciudad, principalmente, monumental y de naturaleza. Que nadie vaya esperando encontrarse la juerga del siglo, porque no es así; los que allí vamos sabemos que intentamos estar tranquilitos y haciendo turismo 100%. Sintra tiene muchísima vida durante el día, con multitud de turistas de todas partes pululando por ahí. Pero de noche... la ciudad duerme. Y a mí me parece estupendo, que uno sabe a lo que va, y si no, pues que no vaya, que en Ibiza dicen que hay mucho desfase y parece ser que están los vuelos baratos. Pues hala. Javi y yo nos "enamoramos" de una pequeña cafetería en una de las callejuelas del corazón de Sintra: la Pastelaria Vila Velha. Tres días que pisamos Sintra, tres tardes que fuimos. ¡Qué bien se estaba allí y qué bien nos trataban! Y es que yo me enamoré de esa diminuta cafetería el primer día: café con leche, justo, justo, justo en la medida en que a mí me gusta, es decir, a caballo entre el café con leche y la leche manchada (parece una tontería, pero no lo es; no todo el mundo sabe darle ese punto), y lo mejor, los dos sobres de azúcar sin que yo los pidiera (yo no soy muy "dulcera", que digamos, pero lo único que sí que quiero que esté dulce es el café, por eso siempre pido dos sobrecitos). Parece un detalle tonto, pero no lo es; a mí eso me conquistó. Y sobre todo, los pastelitos de Belem... ¡la primera vez que los probé! Están riquísimos.... gracias otra vez, Javi, pues tú "me presentaste" ese rico y dulce manjar.




¿Y si hablamos de las queijadas? En realidad, estaban ricas, pero son un robo a mano armada. Son como mazapancillos, muy pequeñitos, y te los venden a casi ¡seis euros! en un tubito. Eso sí, muy bien envuelto. Pero no, queridos portugueses, ahí se quedan, que con los pastelitos de Belem ya rompisteis el molde. He dicho. Y es que Javi y yo regresamos a España con tres bandejas de pastelitos de Belem con seis cada una, más otra con cuatro para el camino. ¡Es que son cinco horas de coche y hay que entretenerse!

Sobre la comida... buf, bueno, a ver, ¿por dónde empiezo? El primer día que llegamos, es decir, el sábado, comimos en el hotel. Pero no en el restaurante, no, no, sino en la habitación; para poder ahorrar un poquito, nos llevamos desde España una nevera portátil con comida de casa: "papas aliñás" (muy sevillano) y filetes de pollo empanados. Todo por cortesía de MamáCatherineHeathcliff; eso sí, con muuuuuuuuuucha frutita por ahí, fresquita y recién compradita, cortesía de Javi, que añadió al paquete unos frutitos secos variados para los cuatro días que nos esperaban. Toma ya. El domingo comimos en el Café da Vilha, justo en el centro de Sintra. Mmmmmh... a ver, se come bien, pero madre mía, qué antipatía en el servicio. A ver, que yo no espero que me canten un fado, pero sí que es verdad que un mal servicio desluce un poquito. Nada, no volvimos... y tampoco es que fuera muy barato que digamos.

Lo mejor de la estancia. Sintra, en general, monumentos y paisajes incluidos; es una verdadera maravilla, por más que me esfuerce, no hay palabras, id sin dudarlo. La Pastelaria Vila Velha. Las casi 600 fotos que tomamos. El hotel, estupendo, de verdad que sí, relación calidad-precio muy buena. Hablé muchísimo en inglés, conocimos a muchos turistas de muuuuuuuuuuuuuuuuuchas partes del mundo. La cercanía de Sintra con Lisboa, Cascais y Estoril. Lo muchísimo que nos reimos y disfrutamos de todo y, mutuamente, de nosotros dos. Y por supuesto, la compañía; inmejorable y lo más importante para mí.

Lo peor de la estancia. El clima; pasamos mucho frío y mucha humedad (había alerta amarilla por vientos en Portugal). Portugal, en líneas generales, es un país caro... ¿o quizá sólo Sintra por ser turística? La gente, aún a riesgo de generalizar terriblemente (pido disculpas por ello): no nos topamos con mucha amabilidad, que digamos (tan sólo en "nuestra" cafetería).

Continuará...

Gracias otra vez, Javi; sin ti, nada de esto habría sido posible.

Catherine Heathcliff.

Lo que estoy escuchando: Don't Stop Me Now, de Queen (The Platinum Collection).

Este verano va a suponer el principio y el fin de muchas cosas. Es el principio de comenzar a disfrutar de unas vacaciones de verdad, más que merecidas y, sobre todo, muy anheladas; el año pasado por estas fechas me pasé enteramente todo el verano en hospitales y a caballo entre Sevilla, Úbeda y Jaén, y antes de que me quisiera dar cuenta, llegó el 1 de septiembre y tuve que volver a trabajar; es evidente, pues, que no he descansado mucho que digamos. Así que me propuse que, si todo va bien, este año haría escapaditas varias y disfrutaría de lo que fuera surgiendo. Pero, como bien digo, es el fin de muchas cosas; o tal vez, la expresión adecuada sea la antesala del fin, porque en septiembre comienza otra nueva fase en mi vida a nivel laboral... incertidumbres miles, así que procuro asentarme en la comodidad del día a día, y lo demás supongo que irá llegando solo.

Tal día como hoy, hace una semana, estaba yo camino de Portugal, escuchando una música estupenda, selección de nuestra propia cosecha. ¡Qué grande es el Big Pen, que alberga nuestros anhelos musicales! A nivel general, el balance de este viaje ha sido francamente positivo, una experiencia inolvidable. Así que, para mis escasos, pero muy apreciados lectores, haré un balance por puntos de esta estancia tan deseada y tan disfrutada:

Tiempo de duración de nuestra estancia y alojamiento. Planeamos el viaje para cuatro días y tres noches, de sábado a martes. Nos alojamos en el Hotel Ibis Lisboa-Sintra. Una buena oferta fue la que encontramos: tres noches por 49 euros cada una para los dos. Eso quiere decir que nos salía a 24.5 euros cada uno por noche. A mí me pareció muy barato. El hotel es de dos estrellas, es pequeñito, pero muy confortable, una cama doble comodísima y, sobre todo, muy limpio. El servicio y el trato es exquisito y tienes la posibilidad de desayunar en buffet libre por 6 euros por persona. A mi juicio, es carillo, pero eso sí, puedes comer todo lo que quieras y, por supuesto, repetir. ¿Problema? La ubicación del hotel; nos costó encontrarlo y nos perdimos ¡tres veces! Ni gps ni narices, el hotel estaba en una especie de Triángulo de las Bermudas, o qué sé yo. Y es que el hotel está en un polígono industrial entre Lisboa y Sintra, así que bueno, se ve que la sapiencia del gps no llega allí... en fin, llegamos al final, que es lo importante.

Sintra. Nuestro hotel estaba como a nueve kilómetros más o menos de Sintra. ¡Una maravilla! En serio, recomiendo esta pequeña ciudad portuguesa a todo el mundo. Era como entrar en Inglaterra, aún sin estarlo. Y es que el encanto victoriano de las construcciones, lo rocoso y verde del paisaje, así como el terrible clima de niebla y humedad perennes, recuerda más a Yorkshire que a un país mediterráneo. La verdad es que Javi y yo llegamos a la conclusión de que, muy probablemente, Sintra estaba en medio de una especie de microclima autóctono, porque, a pesar de su cercanía con Lisboa (unos 15-20 minutos en coche), hacía un frío de tres mil pares, mientras que en la capital lucía un sol espléndido. Y es que Sintra está altito, para qué nos vamos a engañar...

Sintra y sus palacios y castillos. ¡Qué maravilla! De verdad, cualquier adjetivo que se emplee para describir lo que vimos se quedaría corto. Sintra no sólo es patrimonio de la humanidad por sus monumentos, sino también por ser reserva natural combinada a la perfección con sus construcciones. Y es que hacer turismo arquitectónico no tiene precio si además va a compañado de unas vistas de la naturaleza inmejorables.

Palácio Nacional. El Palácio Nacional está justo en el centro de Sintra, en la Plaça da Republica. Es de estilo manuelino en su mayor parte y es famoso por sus dos grandísimas chimeneas, que salen justo, justo, justo de las cocinas reales. Concebido como residencia veraniega para los monarcas y resto de la familia real, destaca por sus grandes salones decorados con la típica cerámica de la región, y sobre todo, por lo ya mencionado anteriormente: su cocina y sus dos descomunales chimeneas. Impone verlas desde fuera, pero es que ya desde dentro mirando hacia arriba es el no va más. La entrada al palacio fue gratuita para nosotros, ya no sé si por el día en el que fuimos (domingo) o porque en general es así. En cualquier caso, lectores, vayan en domingo, para más seguridad.

Quinta da Regaleira. Sin duda, el palacio que más disfruté. Está dentro de una finca, que destaca por sus enormes jardines con especies vegetales provenientes de todo el mundo. Pero lo más bonito de esta finca, además de sus dimensiones, es el entorno; aprovechando lo rocoso del paisaje, algunas construcciones de la finca están hechas a partir de cuevas bajo tierra y aguas subterráneas. Vamos, más parecido a las cuevas de Nerja que a otra cosa. A prueba de claustrofóbicos... como yo. A pesar de todo ello, se convirtió en mi entorno favorito mientras lo visité. La entrada es de 6 euros por persona (caro... porque nosotros éramos dos), pero bueno, creedme que, una vez que ves todo esto, se te olvida el continuo sablazo a la cuenta corriente.

Palácio da Pena. El precio de la entrada es de 12 euros por persona (¡carísimo! Pero, en serio, merece muy mucho la pena). ¿Es Portugal o quizá se trate de Escocia? Una fantasía hecha realidad. Quizá se trate del palacio más emblemático de Sintra y el que más se utiliza a nivel turístico para promoción de la ciudad. Y es que es un palacio de cuento de hadas, enteramente y literalmente. ¿A cuál me refiero? Al de La Bella y la Bestia, por supuesto. Almenas por doquier, puentes levadizos, cúpulas, escaleras de caracol... un sueño hecho realidad. Lo que más me gustó fue el entorno del mismo: una auténtica reserva natural y una prueba de senderismo. Lo cierto es que es imposible quedarse con una sóla estampa fotográfica tomada, porque el palacio es un todo: arquitectura y naturaleza. De todos modos, voy a poner dos fotos. Una es la vista general del palacio, muy típica. La otra es del Tritón que está grabado en la fachada principal. ¡Genial! ¿A qué recuerda un poquito a El laberinto del Fauno?


Castelo dos Mouros.
No sé, no comment. No llegamos a subir, simplemente, lo vimos a distancia. Dificultades técnicas en la subid, cuando lo intentamos. Pero, en cualquier caso, las vistas hacia el castillo son inmejorables. Además, es vigía perenne de los devenires seculares de Sintra. Coloco una foto: desde el Palácio da Pena.

Continuará...

Gracias, Javi, por haber compartido estos días conmigo.

Catherine Heathcliff.

Lo que estoy escuchando: Tripping, de Robbie Williams.

Gracias


Gracias por estos nueve largos meses de curso que se nos han hecho tan cortos. Gracias por dejarme ser parte de vosotros y por llevarme a mi vez una parte de vuestro corazón en el mío. Gracias por todas las risas y por todas las lágrimas, que posteriormente se convirtieron en simples malos recuerdos tras una sonrisa. Gracias por vuestro apoyo y por hacerme reir cuando mi voluntad, pues humana soy, también flaqueaba. Gracias por dejarme ser vuestra tutora, y de qué manera, con cuánta implicación. Gracias siempre por vuestro respeto, llevado a gala en todo momento. Gracias por vuestras atenciones y consideraciones hacia mí. Gracias por hacerme aprender cada día algo más. Gracias por dejaros enseñar y por dejaros guiar por mis manos. Gracias por confiar en mí, vuestra "seño", vuestra tutora. Gracias por tenerme en cuenta, incluso cuando parecía que no lo hacíais. Gracias por quererme tanto.

Os quiero, mis niños, mis primeros niños. Os llevo siempre aquí, al ladito de mi corazón.

Gracias por este regalo...

Catherine Heathcliff.

Lo que estoy escuchando: Always on My Mind, de Elvis Presley.

El poder de una canción


Miércoles, 15 de junio de 2011. Hacia las 20 horas de la tarde. ¿Dónde? Planta de arriba del Starbucks de la Avenida de la Constitución, justo delante de la FNAC, en mi Sevilla. ¿Qué hacía, aparte de beberme un Frapuccino de café con caramelo? Daba clases de inglés...

CatherineHeathcliff: De acuerdo... ¿la tercera persona del singular del verbo "cry"?
Javi: Mmm... "cries".
CatherineHeathcliff: Muy bien. ¿Y eso por qué?
Javi: Porque... es un verbo que termina en "-y", pero tiene delante una consonante; por lo tanto, la formación de la tercera persona del singular sería con "-ies".
CatherineHeathcliff: ¡Genial! ¿Y qué significa?
Javi: Pues... llorar, ¿no?
CatherineHeathcliff: Eso es. ¿Sabes? Hay una canción de Roy Orbison que se llama Crying. Es estupenda, me encanta. ¿La has escuchado alguna vez?
Javi: No, la verdad es que no... ¡hay que ver, lo que sabes de música! Yo me quedo alucinado...
CatherineHeathcliff (con evidentes signos de sonrojo): Sí, bueno... esta también estará en el repertorio de mi boda... cuando me case.
Javi: ¿También?
CatherineHeathcliff: Sí, también. Bueno, ¿seguimos?

Lo cierto es que todavía quedaban bastantes ejercicios y ese sólo era el primero. ¿Cuánto tiempo transcurrió tras esto? ¿Diez, quince, veinte minutos? La verdad es que no lo sé, pero de repente, sin avisar y de manera totalmente inesperada, comenzó a sonar en el Starbucks la canción Crying, de Roy Orbison.

CatherineHeathcliff: ¡¡Javi!! ¿Te acuerdas de la canción que te dije antes?
Javi: Sí. ¿No me digas que es esta?
CatherineHeathcliff: ¡¡¡¡¡Sí!!!!! ¡Qué coincidencia!
Javi: ¡Verdad! Pero no, es el Destino.
CatherineHeathcliff: ... totalmente; está claro que tiene que ser cosa del Destino...

Y, dejando momentáneamente lo que estábamos haciendo, nos paramos a escuchar esa GRAN canción del maestro.

Porque está claro que hay un Destino, que las casualidades o las coincidencias no existen. El Destino hizo acto de presencia ayer tarde a través de unas notas musicales, como también quiso que un 22 de mayo, domingo por la tarde, mi vida diera un descomunal y delicioso giro de 360º.

Y es que ya lo decía Javi en un correo que una vez me envió, al principio, muy al principio: "está claro que, si nos hemos conocido, será por algo, ¿no?".

Catherine Heathcliff.

Lo que estoy escuchando: ¿Acaso no es evidente?

Luto


Una taza de Jack Skelleton no está asociada a una persona, ni tampoco a un sentimiento. Es, sencillamente, una taza que compré hace un par de años porque me gustó. Simplemente.

Ni mi tazón verde, ni mis cubiertos del mismo color están prohibidos. De hecho, la comida sigue sabiendo igual si los utilizo.


Dejar a un lado el Puente del Alamillo, o pasar por delante. La Isla de la Cartuja, o las playas de Huelva. O dirección a esta ciudad, circunvalando Camas. Tampoco Mairena del Aljarafe, ni mucho menos Triana (¡ay, mi Triana!) deberían ser lugares prohibidos para mí.


Triana... que me das la vida...


¡Cuánto me alegro de que el Betis (¡ay, mi Betis!) esté en primera! Aunque una vez deseé que no fuera el caso, aquí estoy, desempolvando mi gorra bética y colgándola al lado de la madridista, con la bufanda de fondo. Y ahorrando para los asientos en tribuna; y es que este año no me pierdo el Betis-Madrid en el Benito Villamarín. ¡No, no y no! Hay que ir ahorrando, ¿no, Javi? ¡Pero iremos!


Escuchar Queen a todas horas, rememorando etapas pasadas, muy pasadas, casi de mi infancia... y es que Queen llegó a mi vida musical antes, mucho antes. Y es como un reencuentro con lo que una vez fui. The Scorpions, Led Zeppelin, White Snakes, The Doors, Europe, AC/DC, Dire Straits, The Who... y muchos, muchos otros. Mi alma rockera, de la que apostaté no por mi causa, ahora regresa dispuesta a rockandrollear una vez más.


Y planear, y planear, y planear... Sintra, Holanda, playas de Cádiz...

Porque una vez me dijeron que pasaría mi luto, y ya lo he pasado, ¡vaya si lo he pasado! Porque la clave está en la tranquilidad, y tras ella, la ilusión.


Y yo he recuperado la ilusión, las ganas, la alegría...


Gracias, papá y mamá.


Gracias, Patri.


Y, sobre todo, más que a nadie, gracias a ti, Javi.


Catherine Heathcliff.

Lo que estoy escuchando: Heaven for Everyone, de Queen.

Merece la pena


Se acerca el final de curso, y para mí este año en particular es muy especial. Mi continuidad en mi colegio actual está en el aire, y durante este curso académico todo lo he vivido de una manera muy intensa, paladeando cada momento con mis niños, tanto los buenos como los malos.

Pero de vez en cuando, muy de vez en cuando, la vida te sorprende y te hace regalos tan maravillosos como el que acabo de descubrir yo hoy al encender mi portátil:

"Señorita Heathcliff:
Pues mira, quería que supieras que TE QUIERO UN MONTÓN, aunque en clase hable mucho con A..... '-.-', jajajaja & con los demás... jajaja.
Bueno, seño, agradecerte todo lo que has hecho por mí y por todos nuestros compañeros, que somos tus niños, aunque el año que viene no sigas con nosotros por desgracia... Pero bueno, así es la vida...
Este año, en fin de curso sólo habrán lágrimas porque ya no estará la profesora que más queríamos todos... Aunque también reconocemos lo mal que lo hemos hecho, pero una persona tan grande NUNCA se le olvida, ¡te queremos, Catherine!
Espero que estos últimos días de clase que nos quedan nos portemos bien y te vayas contenta con nosotros, que lo dudo, porque hemos metido la pata y bien metida...
Señorita, ya como alumna, no incluyo a mis compañeros, ¡QUIERO QUE TE VAYAS CON LA CABEZA BIEN ALTA! ¡PORQUE TÚ HAS SIDO TUTORA DE UNA CLASE MUY DIFÍCIL DE LLEVAR! ¡Y NO MERECES ESTAR MAL Y SI ALGUIEN TIENE QUE ARREPENTIRSE POR HABERSE PORTADO ASÍ... SOMOS NOSOTROS, TODO PRIMERO C!
Seño, espero verte mucho cuando ya no estés :)
TE QUIERO, CATHERINE".

Y es que merece la pena... mis niños merecen la pena, y la docencia es parte de mí, de mi vida. La docencia es mi vida.



¡Qué me gusta mi trabajo! Por todos es sabido. En realidad es un camino de espinas, lleno de días horribles... pero cuando los momentos buenos (que los hay) aparecen, borran cualquier atisbo de sinsabor. Hace dos semanas, feché el examen del tema 6. Llegó el momento en el que una clase de 1º ESO a los que yo le doy Inglés tenía que realizar el examen. Normalmente, al principio de cada prueba, yo suelo explicar en qué consiste cada pregunta (da igual las veces que lo haga, siempre hay alguien que pregunta constantemente que cómo era, que no se acuerda). El caso es que el ejercicio número 4 consistía en describir la indumentaria de un personaje cualquiera, incidiendo en los colores, el estampado y el tipo de prenda. El personaje elegido fue este:

Sé que no tiene colores, pero yo les expliqué más o menos cómo sería el color de cada prenda. Al fin y al cabo, me interesaba ver cómo construían frases y cómo practicaban las reglas de posición del adjetivo inglés.

El caso es que a mí esta actividad me gustaba. Me resultaba simpática, para qué engañarnos. Hay veces que yo me creo que es la actividad más maravillosa del mundo y los niños te miran con cara rara, en plan "Dios, cuánto me aburro, que se calle esta ya". Bueno, ese no fue el caso, sólo faltaría; era un examen, así que interés 100%... o más o menos.

Porque cuando yo terminé de explicarles este ejercicio, con la retahíla de detalles a tener en cuenta y demás, les pregunté:

- ¿Hay alguna duda sobre este ejercicio?

A lo que ellos me respondieron:

- ¡¡¡¡¡Noooooooooo!!!!!

Todos a coro, qué monos. Yo ya pasé, obviamente, a la actividad 5. Pero una de mis alumnas levanta la mano de golpe y pregunta:

- Seño, ¿cómo se llama el payaso?

Ante estas preguntas, ¿qué es lo que se supone que un profesor debe decir? ¿Le reprende porque le ha interrumpido intencionadamente o no, y los demás compañeros se ríen? ¿Ignorarle? ¿Seguirle el juego? Yo opté por la tercera opción, que sé que no es la más recomendable, pero a mí siempre se surte efecto; la ironía es básica, y aunque a veces ellos no la captan, sí que es verdad que mi cara lo dice todo. El caso es que yo le dije:

-Pepito, hija, se llama Pepito.

Ahí quedó la cosa. Pero cuál no sería mi sorpresa cuando corregí su examen, que en su redacción sobre el payaso había empezado tal que así:

Pepito is wearing a red hat...


Esto es tal cual lo estoy contando. Así que nada, bautizamos al payaso y a los niños les caló hondo. ¡Claro, no podemos dejarlo sin cristianizar!

Catherine Heathcliff.

Lo que estoy escuchando: Let Me Entertain You, de Robbie Williams.




Sinopsis: Gru es un tío malísimo. De los más malotes del mundo. Pero últimamente está perdiendo caché: hay un villano más poderoso que él, que parece cometer los robos más importantes del momento. Evidentemente, Gru no está dispuesto a que su talento criminal se vea sobrepasado por las nuevas generaciones, así que planea el que será su gran golpe: robar la luna. Y es ahí donde el papel de tres huerfanitas, Margo, Edith y Agnes, juega un papel fundamental. Pero lo que Gru no sabe es que él también tiene sentimientos, y que las tres pequeñas conseguirían ablandar hasta el corazón más pétreo... como el suyo.

Tenía yo muchísimas ganas de ver esta película desde hace tiempo. Y es que, viendo los tráilers y demás cortes de la película, caí irremisiblemente enamorada de esa criaturita, llamada Agnes, y de esos pequeños diablillos, los Minions. Después de pasar semanas con "es tan blandito que me quiero morir" como tono en mi móvil para los mensajes, y de sustituirlo después por el archiconocido "toma, para tú, pupete", no pude resistirme más. Como una niña pequeña, enana, enanísima, me senté ayer a ver la peliculilla de marras. Me gustó, me gustó y me reí, pero sí que es cierto que mis expectativas quedaron un poquito sin cumplir. Y es que en esto de la animación, seguiré siendo, por los siglos de los siglos, fiel devota de Pixar.

Pixar lo tiene todo: calidad, buenas historias y, sobre todo, capacidad de hacer reir. Y ayer eché un poquito en falta eso: la risa. Bueno, menos con los Minions, que desde ahora mismo me declaro fan incondicional de esas criaturillas. Legendaria (Barney Stinson dixit) la escena de los Minions en el supermercado. Tengo que conseguir ahora "The Banana Song" como tono de móvil, está claro.

Otro aspecto destacable es el doblaje al castellano. Para mí es estupendo, y no sólo por Florentino Fernández como voz cantante. Es en líneas generales. Y por supuesto, los guiños ácidos y mordaces; imposible no recordar la escena en la que Gru marcha al banco del mal, el Evil Bank, y justo debajo del letrero, reza la frase "Formerly Lehman Brothers". Buenísimo. Y ese Vector, ese pequeño gran personaje, tan psicodélico y setentero. Genial, señores, genial.

En fin, película muy recomendable si se quiere disfrutar de un ratito muy agradable. Este tipo de proyecciones ayuda mucho a desconectar y, sobre todo, a enternecer nuestro corazoncito ante personajes tan entrañables.

Así que, pupetes míos, véanla.
Catherine Heathcliff.
Lo que estoy escuchando: Despicable Me, de Pharrell Williams.

Sheldon Cooper (1)

Porque hay veces que una serie te engancha de tal manera que se convierte en tu favorita.

Porque hay veces que personajes secundarios de las mismas se transforman en los verdaderos protagonistas.

Porque yo me he propuesto que, en el caso hipotético de que el doctor Cooper fuese real y no ficticio, acabaría con la misoginia manifiesta de este pequeño (no literalmente) gran personaje, y no Amy Farrah Fowler, que me cae hasta poco simpática.

Por eso he decidido dedicarle semanalmente una entradita a mi personaje de ficción favorito hoy por hoy: Sheldon Cooper, auténtico e indiscutible protagonista de The Big Bang Theory. Definitivamente, mi sit-com favorita.

Comenzamos:



Catherine Heathcliff.

Lo que estoy escuchando: History of Everything, de Barenaked Ladies.

Reflexiones docentes


Ayer salí con mi amiga Patri. Estuvimos de cena, copitas... en fin, lo típico de un sábado por la noche, sólo que la buena compañía lo hace diferente. Cuando regresábamos para nuestras respectivas casas, hablábamos de lo que comentamos siempre, es decir, pormenores laborales. Es lo que tiene dedicarnos a la misma profesión.

Ser docente, al contrario que los manidos típicos tópicos, es algo muy difícil, y teniendo las dos 27 y 26 años respectivamente, nos volcamos al 200% en nuestra labor. Es descorazonador ver cómo están las cosas, pero lo es mucho más comprobar que, en esta profesión, supongo que como en muchas otras, hay gente que sólo buscan el sueldo fijo a final de mes y otros, como nosotras, que verdaderamente estamos en esto de la enseñanza por una vocación inmensa. Por eso no nos importa llevarnos infinidad de trabajo a casa, estar hasta las tantas corrigiendo exámenes o preparando clases, no nos asusta innovar, aunque eso conlleve horas de maduración, nos gusta citar a padres con mucha frecuencia y mantenerles al tanto siempre... en fin, ese tipo de cosas que hace que tus alumnos pasen a ser "tus niños" y que no te importe madrugar para entrar a las ocho de la mañana con un pedazo sonrisa de oreja a oreja, aunque lleves los ojos medio cerrados todavía y las marcas de la almohada surcando tu rostro.

Y de todas estas reflexiones, me quedo con la que dijo mi amiga: hay veces que no somos conscientes de la importante labor que ejercemos los docentes; estamos formando a nuestro futuro, a los jóvenes que el día de mañana nos gobernarán o tomarán las riendas de este país. Estamos formando a los españoles del mañana, a nuestra sociedad futura.

Y cuando Patri dijo eso, yo me quedé muy callada, porque es cierto; y recordé en décimas de segundo a todos los profesores que yo tuve durante mi etapa escolar. Tal vez, si soy lo que soy ahora mismo, con mis defectos, con mis virtudes, es, además de otros muchos factores, porque esos profesores, tantos que pasaron ante mi vista, dejaron su impronta en mí, en nosotras: la juventud del presente de este país.

Catherine Heathcliff.

Lo que estoy escuchando: Details in the Fabric, de Jason Mraz y James Morrison (We Sing, We Dance, We Steal Things).

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