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Chocolate


Hoy es un día especial, o al menos, a mí me lo parece.


Y digo que a mí me parece especial porque alguien me ha endulzado la jornada, y por extensión, el resto de una semana que se me estaba haciendo un tanto cuesta arriba.


Hoy me han regalado una tableta de chocolate. De chocolate negro.


E, independientemente de lo infinitamente agradecida que me he sentido y que me siento por el hermoso detalle, ese gesto y los minutos de conversación posteriores han conseguido que comience a contemplar las cosas de otra manera.


Hoy he llegado a casa a la hora de comer y he escrito un mensaje con mi móvil. Lo he enviado. A los diez minutos, he recibido una llamada a mi teléfono.


- ¿Diga?

- ¡Hola!

- ¡Hola, papá!


...Muchísimas gracias...


Catherine Heathcliff.


Lo que estoy escuchando: Les Bonbons, de Jacques Brel.

2 Comments:

  1. Luis Villaescusa said...
    No hay mejor medicina que la de hablar las cosas, se toma mejor en frío, y hace mejor efecto. La aguas vuelven a su cauce y el sentido común recobra su nombre. Pero esta situación tiene un enemigo. El orgullo. ¿Quién da el primer paso? La verdad es que eso es lo que menos importa. Lo que importa es el arepentimiento y el propósito de enmienda. ¡Coño, parezco un cura!

    Luis.
    Catherine Heathcliff said...
    Querido Luis:

    La verdad es que hay veces en que empecinarse en el orgullo es una estupidez. No me costó nada mandar el mensaje, ni mucho menos descolgar el teléfono después.

    En el día de ayer hablé con mi padre tres veces; se ve que teníamos cosas que contarnos...

    Rocío (Catherine Heathcliff).

    P.D. Tranquilo, no pareces un cura... para nada. Por cierto, ¿te das cuenta que es la primera vez que firmo con mi nombre?

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