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Una coplilla


Recojo en esta entrada una bonita y simpática coplilla escrita por una de mis alumnas en el día de ayer. Hay datos a los que nombro "X" por razones obvias. Dice así:

"Todos los cuentos empiezan por 'érase una vez', pero yo no voy a empezar así. En una ciudad 'poco' conocida, llamada Sevilla, vivía una señorita del colegio X. Se llamaba Catherine, inglés enseñaba, y a todos los que clase daba, a ella apreciaban. Es buena, guapa y con gran genio, pero con mucha gracia.

Así es Catherine, la del barrio X, Sevilla. Mi amiga, señorita maravilla".

Y yo cuando leí esto en el día de ayer, a última hora, después de un día horroroso (tengo una faringitis de caballo), no pude evitar salir de mi cole con una sonrisa de oreja a oreja e igual de ancha que un pavo real con las plumas de la cola abiertas de par en par.

Catherine Heathcliff.

Lo que estoy escuchando: You're Beautiful, de James Blunt (Back to Bedlam).


Sinopsis: durante los años 70 en Belfast, Gerry (Daniel Day-Lewis) es un gamberro que sólo sabe beber e ir de juerga, para disgusto de su padre Giuseppe (Pete Postlewaite), un hombre tranquilo y educado. Cuando Gerry se enfrenta al IRA, su padre le manda a Inglaterra, pero acaba en el sitio equivocado en el momento equivocado. Aunque es inocente, es sometido a torturas y vejaciones, así que se ve obligado a confesar su participación en un atentado terrorista que no había cometido y es condenado a cadena perpetua junto al resto de los apodados "cuatro de Guildford". Su padre Giuseppe es también arrestado y encarcelado acusado de colaboración, y durante su estancia en la cárcel, Gerry descubre que la aparente fragilidad de su padre esconde en realidad una gran fuerza y sabiduría interior. Con la ayuda de una abogada entregada a la causa (Emma Thompson), dispuesta a desenmascarar el sistema legal inglés, Gerry se propone demostrar su inocencia, limpiar el nombre de su padre y airear la verdad de uno de los más lamentables errores legales de la historia reciente.

Una vez dije en mi blog que me había propuesto desde hacía tiempo tener toda la filmografía de mi actor predilecto, Daniel Day-Lewis, ordendadita en mis estanterías. Poco a poco, lo voy consiguiendo, a pesar de que algunas de sus contribuciones, como ocurre con la inédita aquí en España The Ballad of Jack and Rose (2005, de Rebecca Miller), se hacen verdaderamente difíciles de encontrar. Me quedan muy poquitas, pues desde Mi hermosa lavandería (My Beautiful Laundrette, 1985, de Stephen Frears) y La insoportable levedad del ser (The Unbearable Lightness of Being, 1988, de Philip Kaufman), las tengo todas, incluida Una habitación con vistas (A Room with a View, 1985, de James Ivory). Sólo me queda esperar a que Nine (2009, de Rob Marshall) salga editada en dvd; no creo que tarde mucho, pues ha sido vapuleada por la crítica y no ha tenido mucha afluencia de público en las salas, que digamos. Una pena...

El caso es que En el nombre del padre era de adquisición obligada; casi fue de las primeras que compré hace ya varios años. Me encantó esta película cuando la vi de madrugada en La2 hace tela de años, y bueno, poco voy a añadir ya sobre este film que no se haya dicho ya. Hace un par de semanas decidí verla de nuevo, y parece ser que esta es de las películas que paladeas cada vez más conforme pasan los años. La denuncia social y legal de la proyección es aplastante, y yo como espectadora y española hasta la médula no puedo evitar sentir cierta vergüenza ajena al ver retratado el sistema legal inglés y sus carencias de una manera tan descaradamente vergonzante. La historia de Gerry Conlon es uno de los grandes estigmas con los que la sociedad británica deberá cargar de por vida, pues todas las historias de juicios y condenas injustos dan siempre la vuelta al mundo. En la etapa más sangrienta del IRA, los "cuatro de Guilford", acusados injustamente de crímenes que no habían cometido, pasaron quince largos años en prisión, demostrándose después que la justicia británica tan sólo necesitaba cabezas de turco que pagaran ante la sociedad los sangrientos crímenes que asolaban todo el país.

En fin, mi propósito al escribir esta entrada no es hablar de la historia de Gerry Conlon ni de su familia, ni tampoco de los "cuatro de Guilford"; creo que habla por sí sola y cualquier intento de hablar de ella hace que inevitablemente nos echemos las manos a la cabeza. Desde el punto de vista cinematográfico, Jim Sheridan dirige una película sencillamente impecable de principio a fin, la historia de cómo Conlon luchó por limpiar el nombre de su padre. Las actuaciones son excelentes, desde la primera a la última, y por supuesto, la de Day-Lewis se lleva la palma, nominación al Oscar incluida. Mención aparte merece Postlewaite en el papel de sufrido y paciente padre de Conlon, y aunque Emma Thompson aparezca poco durante toda la película, su papel de abogada de Conlon es tan importante que se come literalmente la cámara cada vez que hace acto de presencia.

Película de denuncia social-legal muy recomendable en todos los sentidos, incluido el de la banda sonora con tema principal a cargo de U2 y Gavin Friday. Eso sí, recomiendo verla en versión original, porque el acento irlandés de Day-Lewis es alucinante. Cada vez me subyuga más la capacidad de Daniel Day-Lewis de mimetismo con los personajes que interpreta, acentos incluidos. Genial, sencillamente genial. Es un monstruo de la interpretación.

Catherine Heathcliff.

Lo que estoy escuchando: In the Name of the Father, de U2 y Gavin Friday.


Ya he contado en numerosas ocasiones en este, mi blog, que soy una futbolera convencida. No me considero forofa porque para mí ese término implica fanatismo, y nada más lejos de la realidad; por más que me duela y me moleste, sé reconocer cuando mi equipo lo hace mal, y también sé admirar la valía del eterno rival.

También he mencionado en este, mi blog, que desde que estoy en Sevilla las cosas las contemplo desde otra perspectiva. Mis esquemas han cambiado y, a pesar de ser la misma, me veo distinta. Estoy conociendo gente de todo tipo, evidentemente, pero también personas que merecen mucho la pena. En la capital andaluza encontré a mi gran amiga, MC, y también a mi gran amigo, J, dos de mis pilares. Cuiosamente, ambos son compañeros de trabajo y a ellos les debo parte de mi sonrisa cuando entro a mi cole tempranito cada mañana. La verdad es que con ellos hablo de prácticamente todo... hasta de fútbol. Los tres de un equipo distinto cada uno, así que creo que nunca nos pondremos de acuerdo en eso. MC es más neutral en esto del fútbol, cosa que no ocurre con J, aunque me da miedo -y vergüenza también- admitir que la que roza un poquito más el fanatismo futbolero soy yo... ¡gulp!

Vale, lo confieso, aunque sé que me lloverán lanzas, dagas y cuchillos varios, porque parece ser que uno de los mayores pecados capitales de este mundo es ser madridista. Bueno, pues yo lo soy, ¿qué pasa? Es que parece que, últimamente, ser del Madrid es como confesar que eres un asesino en serie, no sé qué narices le pasa a la gente con ese odio acérrimo al equipo blanco. En fin, esa es otra historia y que vaya en la conciencia de cada uno, allá cada cual con su tema y con su odio corrosivo y correoso. Bueno, que me voy por los cerros de mi Úbeda de mis amores... Catherine Heathcliff es del Madrid desde que tenía uso de razón; claro, el "problema" viene porque J es del Barça. Pero culé hasta las trancas que es mi amigo... evidentemente, es de esperar que todos los lunes y martes los debates futboleros son de órdago. Pero siempre dentro del buen rollo, las buenas maneras y los "piques" cordiales.

Este lunes nos pasó algo parecido; yo salía de mi última clase y me lo encontré en el pasillo. Los lunes son especiales, porque yo acabo mis clases a las 12.30 y él precisamente entra a esa hora, así que, si nos vemos, es en un instante fugaz en el pasillo. Este lunes pasado, como de costumbre, nos encontramos ahí, y yo, henchida de orgullo por el liderazgo madridista alcanzado el sábado pasado tras nuestra victoria por 3-2 contra el Sevilla, le grité socarronamente: "¡J! ¡¿Qué ha pasado este fin de semana en la Liga?! ¡¿Eh?! ¡Jijijjijijijijijijijijijijijijiji!". Él se paró en seco, me miró con una sonrisa de medio lado y me soltó: "¡Qué asquerosa eres!". Yo exploté en una sonora carcajada, porque su expresión era digna de ver. Pobre, lo que me aguanta... Claro, la dialéctica de reproches y puyas amistosas no se hizo esperar, que J concluyó con un "sí, pero nuestro sextete puede más que todos los liderazgos del mundo", a lo que yo respondí con un "¡Qué capullo!". Él se reía, y antes de entrar a clase, me dijo: "Eso te ha salido del alma, ¿eh?".

Ahí quedó la cosa, aunque el martes le puse la cabeza como un bombo, de tanto chincharle... pobre.

Hoy jueves la cosa es bien distinta. Una profunda decepción me domina, y no es broma; el Madrid ha vuelto a ser elimando de Champions, y a mí me duele muchísimo, por motivos miles, pero sobre todo por Gonzalo Higuaín. Que nadie me pregunte por qué adoro tantísimo a ese futbolista, al que están culpando INJUSTAMENTE de la pérdida del partido; considero que "el Pipita" es el mejor del equipo, el más completo, y si bien lleva una racha en la que parece que le ha mirado un tuerto y todos sus trayazos son erróneos, no se le puede discutir que tiene una garra y un espíritu de lucha incuestionable. Y para mí eso es suficiente. Me encanta, señores, lo adoro, y es estrictamente como deportista. El caso es que hoy entré al colegio dispuesta a aguantar los piques de mis niños en clase y, sobre todo, las burlas de J. Y yo no estaba muy segura de cómo lo iba a llevar... la verdad es que no me da vergüenza admitir que me ha afectado profundamente esta eliminación de Champions. Pero lo mejor de todo es que J. no me ha dicho ni una sola palabra, ni se ha reido de mí, ni me ha chinchado; supongo que me conoce más de lo que yo me había imaginado, así que hoy, al encontrarnos en el pasillo, se produjo el siguiente diálogo:

Catherine Heathcliff: No me has dicho nada de lo de ayer...
J: Es que sé que te iba a doler, así que muy prudentemente me he callado.
Catherine Heathcliff: Sí... ¡qué "apañao" eres! Si en el fondo no sé por qué me afecta tanto, si los millones no los gano yo...
J: Anda que es mentira. Están diciendo además por todos los medios que Higuaín tiene la culpa de todo.
Catherine Heathcliff: Snif, snif... mi "Pipita"... ¡es mentira, es mentira, que es que tiene mala suerte!
J: Anda, no te preocupes... que tú no ganas los millones. No te preocupes.
Catherine Heathcliff: Snif, snif... gracias... te prometo que no te chincho más con el fútbol.

Y es verdad que lo prometo. Porque aunque nuestros piques sean amistosos, hoy J me ha dado una lección de compañerismo y amistad. Porque quizá sea que yo soy más futbolera que él y le doy más importancia, o tal vez porque sabía de verdad lo mucho que me afectaba hoy la eliminación blanca de la Liga de Campeones. O tal vez sea un compendio de cosas. No sé, pero prometo que no volveré a chicharle, porque además de lo que valoro ese gesto, también me ha dado una cura de humildad, que parece ser que ha sido la nota dominante desde el sábado entre todos los merengues...

De todos modos y como ya puse en mi Facebook, me siento tremendamente orgullosa de ser seguidora del mejor equipo de todos los tiempos. Pese a quien le pese y pase lo que pase. Yo sí que confío en ellos, sea la plantilla que sea.

Mi Real Madrid de mis amores...
Catherine Heathcliff.

Lo que estoy escuchando: Megalomania, de Muse (Origin of Symmetry).


Yo cada año me replanteo muy seriamente mi Eurofanatismo convencido. Mi afición por el expirante festival se remonta a años atrás, cuando mi amiga Eva y yo esperábamos que llegara mayo (más o menos) para ver el festival en directo. Durante las actuaciones, nos íbamos dando llamadas perdidas al móvil cuando salía algún artista que nos gustase; las preferencias iban desde gustos musicales a los más propiamente físicos, todo hay que decirlo, que éramos unas crías y las hormonas hablaban más alto cuando aparecía algún rubiales de los países del este o algún morenazo desde Grecia o Turquía.

¿Qué ha pasado este año? Pues que yo renuncié a mi afición por el festival cuando supe que había posibilidades de que un engendro de subespecie humana tenía intención de representarnos (no añadiré más al respecto). Lo que pasa es que el destino fue benévolo conmigo y finalmente quedó eliminada y descalificada del concurso; eso hizo que recuperara mi fe en el festival.

Este año 2010 en Oslo nos representa Daniel Diges. Su cara me es más que familiar, porque cuando era una peque lo veía en el papel de Gato en la serie Nada es para siempre, y supe años después que trabajó en la versión española del ¿pseudo?musical High School Musical. A mí el chaval en cuestión me encanta; me gusta su presencia, su voz y la canción, que me recuerda muchísimo al soniquete de Yann Tiersen, salvando las distancias de comparar un garbanzo con una rosa, voto a Dios.



Así que, a pesar de que en El Hormiguero se rían un montón de la canción Algo pequeñito, puedo decir que yo, como eurofan, estoy contenta... pero... ¿Qué pasa con Coral Segovia?

Pocas voces, tanto femeninas como masculinas, consiguen ponerme el vello de punta. Doña Coral Segovia lo consigue cada vez que canta. Su canción En una vida es estupenda y directamente no me pronuncio sobre su voz porque creo que es mejor que yo calle, deje de teclear y la oigamos.



Por mucho que me guste la canción de Daniel Diges, es evidente que Coral debería ir a Eurovisión. Es una gran artista como pocas, y le avalan su voz, su presencia escénica, su elegancia, sus canciones y, sobre todo, su ilusión desmedida por representar a nuestro país. Algún día lo conseguirá, lo deseo y realmente lo espero. De lo contrario, la sordera de este país es crónica y preocupante...

Catherine Heathcliff.

El síndrome de Marianne Dashwood


Hoy voy a ponerme moralista.

¿Qué narices le pasa a la sociedad en la que vivimos? ¿Qué pasa con los valores? Porque yo los tengo, y además creo que bien arraigados.

¿Por qué existe la deshonestidad, que hace que los que vamos de frente y por derecho, encima nos sintamos asquerosamente sucios y culpables de haber confiado en alguien?

Besos, abrazos, caricias... son tesoros de incalculable valor, no pañuelos de papel de usar y tirar. Yo no los cedo de manera gratuita, pero parece ser que hoy día son monedas de cobre que se intercambian en constantes trueques basados en la superficialidad y el hedonismo más puro.

Pero algo tengo claro: el problema lo tengo yo, porque parece ser que me quedé anclada en el siglo XIX.

...Marianne Dashwood esperando el regreso del coronel Brandon...
Catherine Heathcliff.
Lo que estoy escuchando: No More "I Love You's", de Annie Lennox.


Qué curiosa es la vida...

Desde que estoy viviendo sola y en otra ciudad, lejos de los míos, de los que quiero, me noto cambiada. Pero en el fondo es evidente que sigo siendo la misma. Las cosas, desde luego, no se contemplan con la encorsetada mirada de antaño; todo lo contrario, en realidad.

En Sevilla he encontrado mi vocación. Me dedico a algo que, al principio, no estaba en mis planes, y que es la enseñanza secundaria. Tengo mis días, pero en general, ahora, haciendo balance, puedo decir que es una de las mejores decisiones de mi vida; no me arrepiento de estar dando clase a secundaria... a pesar de los pesares y de cómo está en este país. Porque a pesar de que no todo sea un camino de rosas, yo adoro a mis alumnos, y tengo la gran suerte de que ellos a mí también; al menos, la gran mayoría. Me encanta mi colegio y no puedo sino decir cosas bonitas de todo lo que me rodea cuando voy a trabajar todas las mañanas con una sonrisa en la boca y con optimismo cargado.

En Sevilla he encontrado al amor de mi vida. Literalmente, y no exagero. No sé qué es lo que va a ocurrir, ni sé cómo narices terminará una historia que comenzó, pero que no terminó de cuajar, pero que, inevitablemente, siento que ahí está, flotando, en el aire, como una cosa pendiente... como tantas conversaciones que tenemos pendiente. Yo sigo con mi vida; entro, salgo, vuelvo a entrar y vuelvo a salir. Conozco a gente, y si bien sé que esta historia no puede tener final feliz con toda probabilidad, pues son más los daños colaterales que provocaría, estoy plenamente convencida de que es el amor de mi vida, y pase lo que pase y transcurran los años que transcurran, así es como yo lo recordaré. Dentro de un año releeré esto y sé que lo volveré a confirmar... recordádmelo, si yo no lo hago.

En Sevilla comencé a vivir en una de las ciudades más hermosas de la tierra, si no la que más. Sueño realizado por completo, pues siempre quise vivir aquí. Pero eso creo que, a estas alturas, no sorprende a nadie.

En Sevilla conocí a una persona maravillosa que se ha convertido en mi mejor amiga... y en verdad lo es. Compañera de trabajo, de hecho los alumnos ya hasta nos dicen que parecemos hermanas... ¡y que hasta nos parecemos físicamente! Será el mimetismo de estar siempre juntas...

Y últimamente, en Sevilla encontré a otra persona maravillosa que se ha convertido en mi mejor amigo. Es un hombre excepcional, con el que puedo hablar de TODO y que en las últimas semanas me ha demostrado su aprecio y su preocupación por mí. Yo siempre he dicho, basándose en mi experiencia, que las mujeres no pueden tener "mejores amigos" hombres, en el sentido estricto de la palabra, porque las mentalidades son bien distintas. Llamadme retrógrada, caduca y trasnochada, pero mi experiencia así me lo ha demostrado; los sentimientos se confunden en un 90% de los casos. Bueno, pues es delicioso equivocarse de esta manera, porque él para mí es mi mejor amigo, y lo adoro porque es como si en él hubiese encontrado a un hermano, y porque me ha hecho equivocarme y cambiar mis esquemas mentales. Para que veas, Catherine; eres demasiado categórica y te han derrotado. En cierto sentido, esta entrada va dedicada a él, porque si bien es un hombre muy abierto, bromista y simpático, es también muy celoso de su vida privada, la cual va desgranando poco a poco conmigo. Y porque me supo escuchar mi larga perorata del martes por la tarde, mis dudas, mis miedos, mis anhelos ante un nuevo paso que debo dar en mi nueva vida sevillana, y porque sus consejos y su perspectiva de ver las cosas con 39 años me ha hecho a mí también contemplarlos con esa edad para proteger mis espaldas de 25 otoños y evitar el dolor.

Ahora escucho música, extractos de bandas sonoras, que él hoy me ha prestado por razones que no vienen al caso, y la pieza que suene de manera espontánea será la banda sonora de esta entrada.

Mil gracias, Sevilla.

Catherine Heathcliff.
Lo que estoy escuchando: Sweet Home Alabama, de Lynyrd Skynyrd.

Tirar la toalla


No suelo hacerlo, pero esta vez voy a pedir colaboración a mis escasos, pero fieles y queridos lectores. Me gustaría plantear una pregunta y que, a ser posible, me respondierais con sinceridad:

¿Habéis pensado alguna vez, de tan desesperados que os encontráis, en tirar la toalla?

Es que a mí me está pasando desde hace varias semanas... estoy tan absolutamente desanimada, tan completamente decepcionada, confundida, hastiada de la eterna miel en los labios, que me estoy planteando muy seriamente tirar la toalla.

Y el motivo principal por el cual planteo esta pregunta públicamente es porque jamás en mi vida me ha gustado perder, ni al parchís siquiera, y siempre he intentado luchar, luchar, luchar, luchar y más luchar para conseguir lo que me he propuesto en todo momento. Pero ahora es distinto. Quizá todo lo es, y tal vez yo esté demasiado cansada...
Catherine Heathcliff.
Lo que estoy escuchando: Why, de Annie Lennox.

Avatar (2009), de James Cameron


Sinopsis: en el año 2154, Jake Sully (Sam Worthington) es un ex-marine atado a una silla de ruedas, pero que a pesar de eso, sigue siendo un guerrero de corazón. Jake ha sido reclutado para viajar al planeta Pandora, donde las corporaciones están extrayendo un extraño mineral, pieza clave que resolvería la crisis energética de la Tierra. La atmósfera de Pandora es tóxica para los humanos, así que científicos han creado el programa Avatar, mediante el cual los humanos "conductores" tienen sus conciencias unidas a un avatar, un cuerpo biológico controlado de forma remota que puede sobrevivir en el aire letal. Estos cuerpos están creados genéticamente de ADN humano, mezclado con ADN de los nativos de Pandora, los Na'vi. Estando en su forma avatar, Jake es capaz de caminar otra vez. A través de su avatar, Jake ha recibido la misión de infiltrarse entre los Na'vi, los cuales se han convertido en el mayor obstáculo para la extracción del mineral, y ganarse su confianza para así asegurar el éxito de la misión humana. Pero una bella Na'vi, Neytiri (Zoe Saldana), salva la vida de Jake, y todo cambia. Jake es admitido en su clan y aprende a ser uno de ellos, sometiéndose a muchas y peligrosas pruebas y aventuras. Mientras, los humanos siguen con su plan, confiando en la valiosa información de Jack.

Por fin, señores, por fin. Avatares son los que he sufrido yo desde el 18 de diciembre, fecha en la que se estrenó la última película de James Cameron, para poder ver la última sensación del cine. Este jueves pasado fue un gran día, y si bien sabía que iba a llegar tarde a casa, que al día siguiente me tocaba madrugar para ir al cole y que iba a estar hecha un espojo muerto de sueño, me daba igual: yo tenía que ir, que bastantes oportunidades había perdido ya. Bueno, pues mi primera experiencia en 3D no fue mal del todo, pero yo es que tengo una teoría: James Cameron tiene el pene pequeño. Por qué si no, a ver, le da por hacer películas tan GRANDES. Es que este hombre tiene un gran problema, y es su preocupante megalomanía; de hecho, cuando entra a una habitación, lo hace cinco minutos después que su ego, porque éste lo hace primero, tan grande es. Vamos a ver, vamos a ver, vamos a ver: vayamos por partes.

La película es una maravilla, de principio a fin. De hecho, dura tres horas y a mí se me hizo realmente corta. Es que todo es perfecto, visualmente mágica. El ideal mundo creado por James Cameron es totalmente onírico, irreal, hermosamente utópico. Agridulce sensación al contemplar tanta belleza a través de unas ridículas gafas de 3D, lo más cerca que jamás podremos estar de ese subyugante, puro e inocente mundo. Yo le decía a mi madre por teléfono antes de ir que esta película es el siguiente paso en la historia del cine; yo, como cinéfila que me considero, me enorgullezco al decir que yo fui testigo de ese paso, de esa evolución; dentro de unos años podré decir eso de: yo estuve allí. Los Na'vi son espectaculares; es que saltan de la pantalla, parecen actores reales, es increible... los miras con detalle y eres capaz de contemplarle hasta los poros de la piel y cada raíz de cabello. Tanta perfección resulta espeluznante. El mensaje ecologista es claro y contudente, aunque a mí me caló más hondo el afán colonizador e imperialista de los seres humanos, recordándome a lo que siglos atrás hicimos con los nativos americanos o las tribus africanas y el mercado esclavista; la sensación de vergüenza y humillación fue la misma.


¿Cuál es el problema, pues? Bueno, en realidad el quid de la cuestión radica en el guión, que es inexistente. Aquéllos que dicen que
Avatar es una extraña mezcla entre Bailando con lobos (Dancing with Wolves, 1990, de Kevin Costner) y Pocahontas (1995, de Mike Gabriel y Eric Goldberg) acertaron de pleno; no esperes más de la cinta de Cameron. Creo que, al igual que pasó con Titanic (1997), James Cameron utiliza manidas historias, dignas del más prototípico cliché, para dar rienda suelta a su megalomanía, que es mucha, enorme, gigantesca. Me gustaría poner a este hombre en un aprieto, y es saber si es capaz de hacer una película de autor, como Pequeña Miss Sunshine (Little Miss Sunshine, 2006, de Jonathan Dayton y Valerie Faris) o Donde viven los monstruos (Where the Wild Things Are, 2009, de Spike Jonze).

Tal vez el problema sea yo, que me veo a veces sobrepasada por tanta magnificencia; quizá es porque soy una mujer a la que le gustan las cosas sencillas, sin pretensiones; o tal vez sea sea verdad que soy una gafapasta repelente, cosa que dudo, porque disfruté como una enana viendo
Sherlock Holmes (2009, de Guy Ritchie). No lo sé... Lloré, reí, me estremecí, permanecí en tensión. Sí, pero... y cuando yo le pongo un "pero" a alguna película es que algo falló cuando la vi. ¿Demasiadas expectativas, tal vez?

Por cierto, por cierto, por cierto: James Horner debería retirarse ya, que la partitura de
Avatar es taaaaan parecida a la de Troya (Troy, 2004, de Wolfgang Petersen), que ya canta por bulerías, vamos.

Lo siento, Margyh. Mi querido Blackwood, ya te lo dije en persona, pero te lo repito: tienes que ir a verla.
Catherine Heathcliff.

Lo que estoy escuchando: I See You, de Leona Lewis (Avatar Soundtrack).

Caramelos altruistas


Martes, quinta hora de la mañana. Tenía guardia, así que fui a sustituir a una clase de segundo de secundaria. Aunque yo sea profesora de primero, conozco a la gran mayoría de alumnos de los cuatro niveles de secundaria, así que no me importa entrar en una clase que no es "la mía", pues no me siento "extraña" entre los alumnos. No había deberes programados, así que les dejé la hora de asueto, dentro de un moderado clima distendido. A la media hora más o menos de estar en el aula, se acerca a la mesa del profesor, donde yo estaba corrigiendo unos exámenes, un alumno para hablar conmigo, muy enigmático.

AlumnoCathy: Señorita, tenga: un caramelo de banana.
CatherineHeathcliff, mirándolo con cara de escepticismo y con una sonrisa de medio lado: ¿Altruista?
AlumnoCathy, con cara de desconcierto y de no saber qué estaba pasando: No, no, no, señorita. De banana.

Y yo lanzo una pregunta al aire: ¿qué hacer cuando se te plantea una situación semejante? ¿Te ríes o le intentas explicar a esa criatura que no hay caramelos de sabor altruista? ¿Acaso el altruismo es un sabor? ¿Debería el profesor (yo, en este caso) replantearse su vocabulario y su forma de hablar ante situaciones coloquiales con un alumno? ¿O es que acaso yo he estado dormida durante 25 años y he abierto mis ojos a la luz a un nuevo idioma español, o quizá me quedé anclada en el siglo XIX y hablo como Mariano José de Larra? El viernes pasado fui al cine a ver La herencia Valdemar (José Luis Alemán, 2010), y desde entonces yo no duermo tranquila, pues mi piso me parece más grande, más oscuro y más frío que nunca, y ahora vivir sola se está convirtiendo en un pavoroso gran problema (y mi largo y lúgubre pasillo aún más), pero es que creo que debería darme más miedo pensar en caramelos altruistas que en un espíritu maligno caníbal poseyendo a un cadáver putrefacto andante (los que han visto la película sabrán de lo que estoy hablando).

O peor aún: ¡un espíritu maligno poseyendo un cadáver andante y con caramelos de banana altruistas en las manos!

De todos modos, será mejor olvidar la anécdota lingüística y semántica. El alumno tuvo un detalle hacia mí, así que por eso le sonreí, cogí el caramelo y guardé silencio tras decir "muchísimas gracias". Yo les recuerdo siempre a mis alumnos lo importante que es leer, culturizarse por placer; tristemente, no suelen hacerme mucho caso en esto, y bueno, a pesar de lo divertido de la situación vivida, no deja de ser bastante desalentador.
Catherine Heathcliff.
Lo que estoy escuchando: I Want Candy, de Aaron Carter.

Sherlock Holmes (2009), de Guy Ritchie


Sinopsis: Nueva vuelta de tuerca a uno de los personajes más famosos creados por Arthur Conan Doyle, en Sherlock Holmes Holmes (Robert Downey Jr.) y Watson (Jude Law), su incondicional y fiel compañero, se enfrentan a un nuevo reto. Nuestro héroe, mostrando unas habilidades para luchar tan letales como su legendaria agudeza intelectual, peleará como nunca antes se había visto para acabar con un nuevo enemigo, Lord Blackwood (Mark Strong), y desenmarañar así un complot mortal que podría destruir el país. Más que basarse directamente en las novelas de Conan Doyle, esta película es más una adaptación del cómic de Lionel Wigram, que reinventaba los personajes de Holmes y Watson, convirtiendo a ambos en detectives con diestras habilidades para el boxeo y el manejo de la espada.

El domingo de la semana pasada recibí un mensaje en mi móvil para un plan espontáneo y tardío para la noche de ese día: ¿te vienes al cine, Cathy, a ver Sherlock Holmes? Venga, vamos, que yo siempre estoy dispuesta para un cine. Lo cierto es que, a pesar de lo inesperado del plan, sólo puedo decir que hacía muchísimo tiempo que yo no disfrutaba tanto con una película. Sherlock Holmes me resultó una película entretenidísima, muy, pero que muy bien filmada, divertida, con la dosis justa de acción, con interpretaciones estupendas, sobre todo, en lo que se refiere a la pareja protagonista, y monólogos deductivos brillantes por parte de un Holmes memorables. Genial, señor Ritchie, sencillamente genial.

He leído varias críticas sobre la cinta en diversos sitios de internet y bueno, no es que sean particularmente optimistas. La tildan, en su gran mayoría, de cinta de entretenimiento sin pretensiones, sin más. Bueno, particularmente, yo voy un poco más allá. Se me hizo francamente corta, y estuve durante las dos horas de metraje clavada en el asiento disfrutando como una niña pequeña. Me gustó muchísimo Robert Downey Jr. en su papel, y resalto precisamente este hecho porque cuando conocí la noticia de que este actor encarnaría al legendario Holmes levanté la ceja con escepticismo; no es que no me guste Downey Jr., todo lo contrario, pero no me encajaba en el papel; será por el sempiterno cliché mental que tengo de que personaje inglés = actor inglés. Me equivoqué, a veces hay que ser más open-minded, Cathy. Yo veía más a Law como Holmes y a Downey Jr. como Watson en un principio, pero luego, conforme iba viendo la película, me fue gustando cada vez más la encarnación de ambos personajes por estos dos actores aparentemente tan dispares. Y es que la calidad se nota, y tanto Downey Jr. como Law son dos grandes actores de su generación. Los secundarios son de lujo, destacando a Rachel McAdams en el papel de Adler, el gran amor de Holmes, en su continua dialéctica de "ni contigo, ni sin ti"; cada vez me gusta más esta actriz, que sin prisa, pero sin pausa, continúa demostrando que vale, y mucho. Mark Strong en el papel de lord Blackwood está estupendo, pero es que a mí me gustan los malos con estilo, como él. Bueno, en realidad es que parece ser que a mí todos los Blackwoods me gustan cantidad. Y ver a Hans Matheson siempre es una alegría, ese actor tan sólo conocido por públicos alternativos... a mí es que este escocés me encanta desde que me di cuenta lo mucho que se parecía a mi gran amor de adolescencia en el instituto.

La fotografía es fantástica, retratando, a mi juicio, a la perfección la atmósfera triste, lúgubre, sucia y oscura del Londres más industrial. Y sobre todo, destaco la banda sonora, con un soniquete que se repite constantemente, que lejos de hacerse molesto, cansino y repetitivo, hace que incluso una vez se salga del cine, continúes tarareándolo con una sonrisa de medio lado en los labios, rememorando el irónico divertimento que destila el film.

En fin, que yo recomiendo esta película desde este, mi humilde blog. Merece la pena pasarlo bien en el cine, reirse y disfrutar, porque para triste ya tenemos la vida real, ¿no?

Catherine Heathcliff.

Lo que estoy escuchando: Where Is My Mind?, de The Pixies.

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